Presentaciones para dejar huella

abril 10, 2012

Andrés Pérez Ortega, pionero de marca personalEsta entrada ha sido amablemente escrita por Andrés Pérez Ortega, Personal Branding Sherpa, introductor del concepto de Personal Branding en España, impulsor y creador de la web de referencia del Personal Branding en España http://www.marcapropia.net/.

Siempre digo que la Marca Personal no se TIENE, se DEJA en otras personas y creo que es más fácil imprimir una huella en alguien que te ve en persona que en quien solamente te lee algún tweet o en un post. Por eso siempre recomiendo que, más pronto que tarde, levantes la cabeza del ordenador o del iPad y encuentres formas de dar la cara.

Lo curioso es que, cada vez más, un evento “físico” tiene una influencia importante en el mundo “virtual”. Hablar a un grupo de personas dospuntocero consigue que tu repercusión en la Red equivalga a muchas horas generando contenidos propios.

Hay muchas situaciones en las que puedes dar a conocer tu Marca Personal o reforzar tu posicionamiento en el “mundo real”. La conversación de la sala de café, las reuniones del departamento, las convenciones de empresa, la boda de tu primo de este sábado,… Lo importante es no esconderse, no ocultarse, no dejarlo todo en manos de lo “virtual”.

Hay muchos métodos “offline” muy efectivos para posicionar tu Marca Personal. Y creo firmemente que antes de lanzarse a lo dospuntocero, muchos directivos y profesionales deberían conocer y utilizar eficazmente “los clásicos”. La escritura, la conversación, la oratoria,… ¡y las presentaciones!

Las presentaciones se han convertido en la Herramienta de comunicación empresarial. Del mismo modo, ideas, proyectos y carreras pueden verse afectadas negativamente por una comunicación inadecuada. Cada día se hacen millones de presentaciones, pero sólo un pequeño porcentaje son efectuadas correctamente. Como empresario, directivo o formador, creas presentaciones en las que te juegas mucho.

Una presentación influye en el valor de las acciones, las ventas, las promociones profesionales o el clima laboral. Sin embargo, nuestra falta de entrenamiento en comunicación visual ha conseguido que las presentaciones sean consideradas culpables de desastres en proyectos de ingeniería, evaluaciones e incluso escándalos bursátiles.

Las “transparencias” han quedado en una tierra de nadie en la que muy pocos saben cómo crearlas y utilizarlas de forma eficaz. Pero aun así, cuando una presentación se hace de forma correcta y se explica bien, se convierte en una de las herramientas de comunicación más poderosas que existen.

Gran parte del éxito de Al Gore en su campaña contra el cambio climático se debió a una optima utilización de las imágenes en sus conferencias. Lo mismo se puede decir de cada una de las presentaciones de Apple que realizaba esa especie de santo moderno que era Steve Jobs.

Podemos seguir echando la culpa al software, pero lo que realmente hay que hacer es asumir nuestra responsabilidad. Como comunicadores que queremos dejar nuestra Marca Personal, es imprescindible aprender a crear historias visuales que conecten con nuestra audiencia. Y eso es mucho, muchísimo más difícil que escribir un post o un tweet más o menos ingenioso. Os lo digo por experiencia.

Quizás, cuando seas capaz de plasmar tus ideas de una forma sencilla, clara y eficaz en el mundo real y frente a una audiencia con cara y ojos, podrás destilar todo ese conocimiento y llevarlo a lo virtual.

De todos modos, insisto en que hay que empezar cuanto antes para cagarla lo más pronto posible. Porque te aseguro que vas a meter la pata. Afortunadamente, yo he podido aprender de los grandes precisamente gracias a estas ocasiones en las que he podido ver cara a cara a los que saben.

Así que, apunta las claves de tu plan en un papel, ponlo en un lugar visible e inmediatamente después, levántate y empieza a conocer gente. Aprovecha todas las oportunidades para establecer contacto y ofrécete voluntario/a para hablar en cualquier situación en la que haya dos o más personas que quieran escucharte. No te escondas, lo te ocultes, porque si lo haces tendrás una Marca Personal pero no la podrás dejar en la mente de nadie.

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Las cuatro excusas más habituales para no ensayar antes de tu presentación

octubre 15, 2009

Fabricamos excusas para todo“Yo no necesito ensayar”. Lo he oído repetir mil y una veces. Y así salen las charlas, claro. Si nunca ensayas, una de las primeras consecuencias nefastas suele ser exceder el tiempo asignado. Otra suele ser embrollarte y andarte con ambages sin llegar al grano, olvidando detalles relevantes y proporcionando otros muchos irrelevantes. Y si además no dominas la materia, la inseguridad y las lagunas hacen su aparición, seguidas  en estrecha formación de los nervios capitaneados por el miedo.

A pesar de los innegables beneficios del ensayo, la triste realidad es que casi nadie ensaya. ¿Por qué no? Analicemos algunas de las excusas más habituales recopiladas por Javier Reyero en su libro “Hablar para conVencer”.

1. No tengo tiempo para ensayar

¿Recordáis la historia de aquel leñador que se afanaba trabajosamente en cortar madera con un hacha con el filo embotado porque, según él, no tenía tiempo para detenerse a afilarla? Afirma Reyero:

“El tiempo que se emplea en el ensayo no es un gasto, es una inversión.”

La excelencia sólo se consigue con la práctica. Los grandes profesionales de todos los ámbitos de la vida, artistas, deportistas, informáticos, etc., han “metido” muchas horas. Según algunos estudios, nada menos que 10.000 horas para llegar a ser cada uno un maestro de su arte. Ensayar “afila” tus destrezas.

No tengo tiempo para ensayar

2. Si ensayo descubro que no me lo sé

Efectivamente. Una gran verdad. Y digo yo: ¿no será mejor descubrirlo en solitario en tu casa o delante de un par de compañeros que no delante de docenas o cientos de personas durante la presentación? Si descubres durante los ensayos lagunas en tus conocimientos, fallos en tus razonamientos o inconsistencias en el hilo de tu argumentación, aún estás a tiempo de subsanarlos. Delante del público es ya demasiado tarde. Mejor remendar el descosido en casa que salir al escenario con el culo al aire.

Si ensayo descubro que no me lo sé

3. Cuando ensayo me pongo nervioso

Claro, porque descubrimos errores, nos damos cuenta de que la presentación no sale tan bien como nos gustaría. Pero precisamente gracias al ensayo podemos trabajar para corregir esos errores. Con cada nuevo ensayo comprobaremos cómo ganamos confianza. Al sentirnos más seguros de nosotros mismos y de nuestro discurso, entonces nuestro nivel de ansiedad disminuirá de forma natural. El mero hecho de haber ensayado y haber comprobado que te lo sabes y lo haces bien te permitirá controlar el miedo llegada la hora de la verdad.

Cuando ensayo me pongo nervioso

4. Prefiero improvisar y dejarme llevar

“Soy demasiado bueno como para ensayar”. Sí, estamos de acuerdo en que existen personas con un gran talento para la oratoria. Pero no olvidemos que cualquier destreza mejora si se la entrena. Por muy bien que creas que lo haces, si te analizas durante un ensayo descubrirás puntos de mejora. Y cuando llegue el momento de la presentación, lo harás aún mejor.

Prefiero improvisar y dejarme llevar

¿Ganará nuestra presentación si la ensayamos antes?

La respuesta es un rotundo sí. El ensayo es lo único que te conducirá de ser un buen presentador a ser un presentador extraordinario. ¡No tienes excusa para no ensayar!

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¿Ensayas tus presentaciones? ¿Usas alguna excusa creativa para no hacerlo? Comparte tus experiencias con el resto de lectores.


No hay ingrediente secreto

junio 15, 2009

Kung Fu Panda-Po. Creo que ya es hora de que te diga algo que debería haberte dicho hace ya mucho tiempo.

-¿Y qué es?

-Escucha, hijo, el ingrediente secreto es…. ¡ninguno!

-¿Eh?

-Lo que has oído: ¡ninguno! No hay ningún ingrediente secreto.

—Kung Fu Panda, Dreamworks

El truco para presentar mejor

A menudo en los cursos sobre el Arte de Presentar me piden algún truco para hacer buenas presentaciones. Mi respuesta es inmediata: “Ensayar, ensayar, ensayar”. Ese es el truco. Así de sencillo y así de difícil. Tristemente, la gente suele quedarse desilusionada con esta respuesta: esperaban la píldora mágica que les transformaría en magníficos oradores, esas “siete claves para el éxito”. Lo más fácil entonces les resulta canalizar esa desilusión culpando de sus limitaciones a la falta de talento natural, a no haber nacido con un don para la palabra, imprescindible según ellos para ser buen orador. Pero, ¿de verdad hay que nacer con un don? ¿El buen orador nace o se hace?

La regla de las 10.000 horas

En su libro “Fueras de serie (Outliers)”, Malcolm Gladwell presenta los trabajos de varios psicólogos que estudian la influencia relativa en la excelencia del talento natural y de la práctica. Pensemos en algún extraordinario deportista, músico, artista o profesional cualquiera. Si analizásemos sus biografías, seguro que encontraríamos que todos ellos comparten un rasgo en común: cuando alcanzaron la excelencia en sus disciplinas respectivas, descollando sobre todos los demás en su campo, llevaban a cuestas más de 10.000 horas de práctica.

“La imagen que emerge de tales estudios es que se requieren diez mil horas de práctica para alcanzar el nivel de maestría asociado con un experto de nivel mundial – en cualquier disciplina.”

Daniel Levitin, citado por Malcolm Gladwell en “Fueras de serie (Outliers)”

No es una mera cuestión de talento o de don natural. El talento sin horas de práctica no vale gran cosa. Como decía Picasso: “La inspiración está muy bien, pero que me pille trabajando”. Cuando nos extasiamos ante ese magnífico concertista sobre el escenario, contemplamos la culminación de un proceso de más de 10.000 horas de práctica. En palabras de Malcolm Gladwell: “La práctica no es lo que haces cuando eres bueno. Es lo que hace que seas bueno.”

Se requieren 10.000 horas para ser maestro de algo

Para presentar bien, hay que presentar mucho

El arte de presentar no es distinto a otras disciplinas en este sentido. No se nace creando grandes presentaciones, es un proceso que se aprende con la práctica y con los errores. Los grandes oradores acumulan también miles de horas de vuelo: ensayos en privado, charlas ante auditorios pequeños y ante auditorios grandes, historias contadas en los campamentos de verano, chistes en las pausas del café, arengas a empleados, entrevistas, exámenes orales, todo contribuye a construir un gran orador.

No hay ingrediente secreto. Sólo práctica, práctica y más práctica. Así que si quieres mejorar en el arte de presentar: presenta, presenta y presenta.

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