Cuanto más te preocupes por la audiencia y menos por ti mismo, menor será tu miedo a hablar en público y mejor conectarás

noviembre 11, 2010

Sólo de pensar en la próxima presentación que tendrás que realizar ante un nutrido auditorio, ¿te pones enfermo? ¿Te produce una gran ansiedad hablar en público? Aunque la perspectiva no te atemorice, ¿percibes que no llegas a conectar sinceramente con la audiencia?

Si quieres aprender a superar tu miedo y a conectar mejor, tal vez deberías empezar por hacerte la siguiente pregunta:

Cuando preparas una presentación, ¿en quién estás pensando la mayor parte del tiempo? ¿En ti mismo o en tu audiencia?

El miedo sano te centra en la audiencia, el miedo insano te centra en ti mismo

Ante una futura intervención en público, phobos, el miedo patológico, nos inmovilizará, impidiéndonos vivir el ahora. En lugar de aprovechar nuestro tiempo y energías para investigar a la audiencia, acumular un buen material, crear una gran presentación, pasaremos las horas previas, ya sean de vigilia o de sueño, dándole vueltas a nuestros temores: ¿haré el ridículo?, ¿me pondrán en evidencia con preguntas difíciles?, ¿me quedaré en blanco?, ¿estaré a la altura?, ¿lo haré mejor que fulanito o menganito?, ¿obtendré una buena reseña?, ¿habré convencido al cliente? Yo, yo, yo y sólo yo. ¿Te das cuenta? Sólo piensas en ti mismo y en cómo lo harás. En ningún momento se te ha ocurrido pensar en las necesidades de la audiencia ni en cómo servirla mejor. Nunca olvides que en una presentación no hablas para ti, hablas para la audiencia. Phobos hunde sus raíces en el ego: tu propio temor te hace tener ojos sólo para ti. Pero si sólo te preocupas por ti mismo, ¿cómo esperas conectar con la audiencia?

Deimos, el miedo sano, nos mantiene alerta ante las necesidades de la audiencia: ¿qué necesita?, ¿me está siguiendo?, ¿estoy resolviendo su problema?, ¿cómo puedo ayudarle mejor?, ¿le aportará valor mi presentación? Cuanto más te preocupas por la audiencia y menos por ti mismo, menor será tu miedo a hablar en público y mejor conectarás con ella. En lugar de ver a la audiencia como una amenazadora masa indiferenciada, aprenderás a verla como un conjunto de personas individuales, cada una de ellas con sus inquietudes, expectativas y valor intrínseco. En el momento en que empieces a valorar a la audiencia, podrás aportarle valor. Y el miedo se irá por sí mismo.

Puedes ser un orador técnicamente perfecto, pero el público siempre sabe cuándo te interesas por él

La inseguridad hace que busques la aprobación de tu audiencia. Cuanto más necesites su aceptación, más te esforzarás por impresionarla y menos por satisfacer sus necesidades. El miedo puede ser sutil. Muchos oradores no temen enfrentarse a una audiencia; temen no ser evaluados como el mejor ponente del evento o no apabullar al cliente. La madurez de un ponente no sólo se mide por la calidad de sus presentaciones, antes incluso por su capacidad para ver y actuar por y para la audiencia.

Cuando tu ego desaparece, deimos triunfa, phobos retrocede.

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Pánico en el estrado (VII): El miedo es un maravilloso sistema de alarma

octubre 26, 2010

Como ingeniero de seguridad, una definición operativa del miedo que me resulta extremadamente útil es la siguiente:

“El miedo es un sistema de alarma para avisarnos de un peligro con el fin de poder enfrentarnos mejor al mismo.”

—Christophe André

Acostumbramos a contemplar el miedo como parálisis, dolor y sufrimiento, cuando en realidad el miedo, si funciona correctamente, es un mecanismo evolutivo de supervivencia muy beneficioso. Sin miedo no podríamos sobrevivir. Pero no todos los miedos son iguales. Ya los griegos distinguían entre dos tipos de miedo: Deimos, el miedo sano, mental y reflexivo; y Phobos, el miedo patológico, intenso e irracional. Y los romanos también: Pallor y Pavor.

El miedo sano nos ayuda a sobrevivir, el miedo insano nos hace sufrir

El miedo sano se presenta cuando nuestro sistema de alarma está bien ajustado en su activación y regulación: se dispara en el momento apropiado ante la conciencia de un verdadero peligro, no una remota posibilidad o un recuerdo pasado, con una intensidad proporcional al mismo. Una vez evaluada la situación y actuado en consecuencia, desaparece rápidamente. El miedo sano genera un pequeño número de falsas alarmas. Su sensibilidad se regula adecuadamente en función del contexto.

El miedo insano, en cambio, corresponde a un sistema de alarma mal calibrado. Se activa ante cualquier situación de peligro real o imaginario: los umbrales de detección del riesgo poseen una sensibilidad exacerbada, por lo que el número de falsas alarmas se dispara: se tiene miedo de nada. Por otro lado, la regulación es casi inexistente: el miedo escala fácilmente en pánico y aunque el supuesto peligro desaparezca, la ansiedad y desasosiego siguen instalados. El miedo insano llega mucho antes de lo necesario y retorna además con muchísima facilidad. Se transforma en patológico, en verdadero sufrimiento. Como un huésped indeseado, se instala en la vida de quien lo padece.

La causa del miedo es bio-psico-social

El miedo a hablar en público de muchas personas trunca su carrera profesional. Los miedos patológicos incapacitan para la vida normal. Surgen fruto de una doble influencia: por una parte, la predisposición biológica, básicamente innata; por otra, la influencia ambiental, aprendida desde la infancia: la propia historia personal y el influjo cultural.

El médico psiquiatra Christophe André del hospital Sainte-Anne de París señala en su libro Psicología del miedo que esta adquisición puede producirse a través de cuatro aprendizajes:

  1. Vivencias y acontecimientos traumáticos que nos marcaron.
  2. Acontecimientos penosos y repetitivos soportados de forma regular que terminan afectándonos debido al efecto sumatorio.
  3. Aprendizaje social por imitación de modelos, especialmente los progenitores.
  4. La integración a través de la educación de mensajes de peligro culturales y colectivos.

El aprendizaje del miedo es una vía de dos sentidos

La buena noticia es que lo que funciona en un sentido, la sensibilización del miedo a través del aprendizaje o habituación, puede funcionar en el otro, la desensibilización, a través de la terapia de deshabituación. Este fenómeno, llamado neuroplasticidad cerebral, permite actuar sobre nuestro cerebro para lograr deshacer los caminos del miedo.

En las próximas entradas explicaré el fundamento psico-biológico del miedo y por qué la terapia de exposición es uno de los mejores métodos conocidos para ayudar a superar el miedo a hablar en público.

No tienes por qué vivir dominado por tu miedo, puedes enfrentarte a él.

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