¿Pasan tus transparencias el Test de la Mirada?

octubre 12, 2009

slide:ology por Nancy Duarte en AmazonTeniendo en cuenta que las presentaciones constituyen un medio visual, en su libro “slide:ology”, Nancy Duarte propone la prueba de los tres segundos: dado que es imposible para un oyente procesar tus transparencias y tus palabras simultáneamente, ¿puede el mensaje de tus transparencias procesarse en tres segundos o menos?

Con el fin de ayudarte a crear mejores transparencias, Nancy Duarte y Glenn Hughes (no, no es el famoso bajista) han creado este “Test de la Mirada”. El test proporciona una forma cuantificable de probar la viabilidad de una transparencia como medio visual facilitando el cálculo de su relación señal a ruido.

El Test de la Mirada

En aras de la objetividad, una persona diferente a quien creó las transparencias debería completar la hoja de test para cada una de las transparencias. Idealmente, el ruido debería ser cero en todos los casos.

Por supuesto, se trata de un objetivo muy difícil de alcanzar, por lo que puede resultar más realista proponerse una relación señal a ruido determinada para todas las presentaciones de nuestra organización o bien para una presentación determinada.

El mero hecho de disponer de una herramienta capaz de cuantificar los resultados ya supondrá un impulso de mejora.

(Adaptado de la entrada Stanford Passed (and Failed) the Glance Test. Would you? con el amable permiso de Nancy Duarte)

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DIÁLOGO ABIERTO

¿Has probado el test de la mirada con tus transparencias? ¿Qué resultado has obtenido? ¿Lo pasan? ¿No lo pasan? ¿Te parece útil? ¿Te parece exagerado? Comparte tu opinión con el resto de lectores.


Cuando la serpiente mira al pájaro

octubre 27, 2008

El novelista vasco Bernardo Atxaga está considerado una de las mejores plumas hispánicas del panorama literario actual. Durante mi adolescencia leí varios de sus libros, entre ellos Sugeak txoriari begiratzen dionean, el cual comienza de esta cautivante manera (traduzco libremente):

“Cuando la serpiente mira al pájaro, el pájaro se ciega, y el pequeño retazo de mundo que tenía ante sus ojos hasta ese preciso momento -algunos árboles, un par de tejados, el camino, el azul del cielo- se le nubla bruscamente. Como ocurre con los pañuelos de los magos de las ferias, en un instante ahí mismo lo tiene todo: los colores, el movimiento, la luz. En el siguiente, en cambio, todo ha desaparecido, no podría sentirse sino un negro vacío.”

Los presentadores debemos ser como esos magos de las ferias, capaces de absorber la atención de la audiencia. Todo su mundo debe desaparecer ante el pañuelo del prestidigitador: sus preocupaciones diarias, el acuerdo por firmar, el informe por entregar. Todo desaparece de la conciencia, para dejar paso a la charla. Durante unos minutos el mundo de la audiencia se reduce a la pantalla y a los ojos del conferenciante. Para que se obre esta magia el secreto reside en mirar a la audiencia, como la serpiente miraba al pájaro.
Según Javier Reyero, “la mirada es el Alfa y Omega del discurso“. Veamos a continuación algunas reflexiones sobre la mirada, inspiradas tras la lectura de su libro “Hablar para conVencer“.

La mirada constituye nuestra primera interacción con el público

Cuando subimos a la tarima y encaramos a la audiencia, se entabla un juego de miradas cuya influencia sobre el discurso comienza mucho antes de tomar la palabra. Conviene por tanto que nuestra primera expresión sea amable, abierta y optimista. La mirada nos servirá para allanar desde el principio el camino hacia una buena comunicación.

El hecho de mirar directamente a la audiencia confiere el mensaje de que le estamos hablando a ella y no simplemente delante de ella. Como consecuencia, la audiencia se sentirá parte de la presentación, devolverá la mirada y se concentrará más en lo que tenemos que decirle.

La mirada es una dura prueba para todo orador

  • La mirada no debería fijarse en un solo individuo. Es frecuente centrarla exclusivamente en la persona de la primera fila que parece seguir todo lo que decimos o en el amable moderador de la sesión. Si nos centramos en una sola persona, la habremos secuestrado visualmente: se sentirá obligada a devolvernos la mirada todo el tiempo, a asentir cuando afirmamos o a sonreír cuando sospecha que consideramos haber dicho algo gracioso. Del resto del público se adueña entonces la sensación de estar de más en la sala: son meros espectadores de un diálogo entre dos personas, del cual se sienten excluidos. Como consecuencia, se perderá la voluntad y el interés de los restantes espectadores.

  • Tampoco le contaremos nuestra charla a la pared del fondo o al suelo. Por timidez o inseguridad, a veces se es incapaz de mirar a nadie a los ojos. Entonces una ola de indiferencia se abate sobre la sala. Los ocupantes de las primeras filas son los primeros en sentirse ignorados: ni les miran ni les van a mirar. Paulatinamente, la misma sensación se adueña de todos los demás, incluidos los de las últimas filas. Como resultado, la presentación resultará un fracaso.

  • Debemos abarcar con mirada franca toda la sala. Hay que repartir la mirada por todos los rincones de la sala, deteniéndonos alternativamente en cada uno de los asistentes, salvo que se trate de cientos, en cuyo caso la mirada se concentrará entre los espectadores que se encuentran más cerca. Con la mirada conseguiremos involucrar a todos los oyentes.

La audiencia no sólo oye, también es espectadora, que según el diccionario significa que mira con atención un objeto. ¿Y cuál es ese objeto de atención? ¡El orador! El público no dejará de mirarte. Gánatelo con una mirada afable.

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Sinfonía verbal y no verbal 7/38/55

septiembre 29, 2008

Siendo un niño, asistí durante una Semana Santa transcurrida en un pueblo del sur de España a la Vigilia Pascual, que se celebra durante la madrugada del sábado al domingo de Pascua. Alcanzado un cierto momento de la liturgia, el cura anunció: “¡Cristo ha resucitado! ¡Somos los más felices de los hombres todos! ¡Cantemos con alegría!”. A su indicación, los feligreses allí congregados entonaron el canto: “¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!”, con un tono arrastrado y monocorde, sin el más mínimo entusiasmo ni rastro de júbilo. Aún mantengo vívido el recuerdo de mi sorpresa infantil: “¿A quién quieren engañar? ¡No sienten la más mínima alegría!”. ¿Qué había ocurrido? Existía un desajuste entre el mensaje verbal y el mensaje no verbal: con las palabras los fieles decían una cosa, pero con la voz y el cuerpo contradecían la anterior.

La Regla de Mehrabian

El antropólogo Albert Mehrabian realizó una serie de estudios durante la década de los 70 en los que analizaba la importancia relativa de los mensajes verbales y no verbales. Los resultados a los que llegó en el curso de sus investigaciones resultaron sorprendentes. El lenguaje verbal (lo que se dice) participa escasamente en la comunicación de emociones y sentimientos: apenas un 7%. Aproximadamente un 38% de la comunicación corresponde al lenguaje paraverbal (entonación, proyección, tono, énfasis, pausas, ritmo, etc.) y el 55% al lenguaje corporal (gestos, posturas, mirada, movimiento de los ojos, respiración, etc.). La importancia de los elementos no verbales sobre los verbales aumenta si existen incongruencias entre ellos: si las palabras y el cuerpo están en descuerdo, uno tiende a creer al cuerpo. Un niño, sin leer a Mehrabian, había llegado a sus mismas conclusiones.

La Regla de Mehrabian se aplica a la comunicación de emociones, no de ideas

Ahora bien, debe tenerse muy presente que esta Regla de Mehrabian o Regla del 7-38-55 fue derivada a partir de experimentos realizados cuando el sujeto está hablando acerca de sus propias emociones y sentimientos. Por consiguiente, estos datos no pueden extrapolarse a toda situación de comunicación. A veces uno encuentra en manuales sobre cómo hablar en público afirmaciones del tipo “lo que dices sólo contribuye en un 7% al mensaje” y no es cierto, a menos que el mensaje quiera expresar cuánto te quiero o cuán contento estoy. En las presentaciones profesionales habituales, más centradas en el pensamiento lógico y racional, no solemos hablar de nuestros sentimientos o gustos, por lo que el mensaje verbal contribuye en un porcentaje mucho mayor a la transmisión del mensaje, cercano al 100%.

¿Tiene aplicación la regla de Mehrabian a una presentación convencional? Durante una conferencia, el contenido textual se expone de forma completamente verbal, pero acompañado de una serie de pistas no verbales que indican cuál es la actitud del orador hacia sus propias palabras. Por supuesto, el contenido de una presentación es lo más importante y constituye su razón de ser, pero la manera como se exponga causará un profundo efecto sobre la forma como lo recibirá la audiencia. La mayoría nos olvidamos del contenido de una charla que presenciamos años atrás, pero recordamos por largo tiempo al conferenciante.

Por lo tanto, debemos prestar atención a armonizar sinfónicamente nuestros mensajes verbales, paraverbales y corporales. Recuerda que hasta un niño es capaz de detectar inconsistencias entre ellos.

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