¿Hablar en público te da miedo o te excita?

julio 19, 2012

“Las cosas buenas e interesantes en la vida vienen acompañadas de miedo.”

Scott Berkun, Confessions of a Public Speaker

El biólogo molecular John Medina explica en su libro Exprime tus neuronas: 12 reglas básicas para ejercitar la mente y mejorar tus presentaciones que el cuerpo lo tiene difícil para distinguir entre los estados de excitación sexual y de ansiedad, ya que se producen las mismas reacciones fisiológicas.

Del mismo modo, el experto en comunicación Nick Morgan comenta en su libro Trust Me: Four Steps to Authenticity and Charisma que el miedo que experimentas durante algunas presentaciones está basado en la descarga de adrenalina. Es la forma que tiene tu cuerpo de prepararte para momentos cruciales como perseguir a un mamut o escapar de un tigre de dientes de sable. Hoy en día, las presentaciones han tomado el lugar de los mamuts y los tigres. Tu cuerpo continúa preparándote: tu cerebro funciona a mayor velocidad, tu corazón bombea con mayor fuerza, te yergues algo más derecho, con el resultado de que estás mejor preparado para el peligro.

Un poco de miedo ayuda

Estas sensaciones físicas no resultan placenteras cuando no conducen a la acción física. Ya no corres tras el mamut o delante del tigre, estás ahí parado delante de la audiencia: no produces una gran descarga de energía física. En lugar de deambular nerviosamente de un lugar a otro del escenario, concéntrate en esas sensaciones físicas molestas y redefínelas como los signos de energía útil que son. Dite lo siguiente:

“Mis manos están pegajosas, mi corazón late aceleradamente y mi mente está disparada. ¡Estoy preparado para correr con los mamuts y los tigres! ¡Esto es lo que necesito para hacer un buen trabajo!”

La reacción del cuerpo ante el miedo o ante la excitación es la misma. Así que tú decides: ¿tienes miedo o estás excitado? Dado que tu cuerpo no es capaz de notar la diferencia, deja que tu mente use tus instintos para ayudarte, no para perjudicarte.

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¿Cómo gestionas el miedo antes de una presentación?


12 razones por las que adoramos las listas de viñetas

enero 19, 2012

“No vivimos nuestras vidas en listas de viñetas; la vivimos en imágenes e historias.”

—Cliff Atkinson, Beyond bulletpoints

Hay a quien se le llena la boca hablando en contra del PowerPoint y de las listas de viñetas, y hete aquí que luego, cuando les ves presentar, ¡resulta que las usan! Después me vienen con todo tipo de autojustificaciones: que si no me dio tiempo, que si no dominaba el tema, que si total como no me pagaban, … ¡qué sé yo!

Así que me he parado a reflexionar por qué a pesar de que todo el mundo dice que no hay que usar listas de viñetas, lo cierto es que (casi) todo el mundo las sigue usando.

¿Usan tus transparencias esta plantilla?

BUSCANDO SEGURIDAD

1) No me quedo en blanco: Como todo está en las transparencias, acudo tranquilo ya que no necesito ni preparármelo.

2) No me olvido de ningún punto importante: Como todo el texto está en las transparencias, basta con leer.

3) Me siento seguro en otros idiomas: Leo y punto.

4) No quedo como un vago: Mira cuánta letra, está claro que he hecho mis deberes, ¿no?

POR PEREZA

5) No tengo que esforzarme: Puedo crear una presentación en menos de una hora copiando y pegando de aquí y de allá.

6) Mato dos pájaros de un tiro: Creo presentaciones para proyectar en la pantalla y documentos para repartir a la audiencia, todo de una tacada.

7) Puedo reutilizar material de otras transparencias mías o de cualquiera: Bienvenido, Frankenstein.

8) No tengo que pensar: Me limito a añadir transparencias hasta que considere que con el material reunido lleno los minutos que me han asignado.

9) No tengo que saber de diseño: Uso la plantilla corporativa o alguna de las que vienen con el programa y tiro millas.

EN ARAS DE LA UNIFORMIDAD

10) No destaco al hacer lo que todos: No llamar la atención es más seguro. La línea que separa la excelencia del ridículo es muy delgada.

11) No me arriesgo al adoptar el esquema ampliamente aceptado: Nadie la ha cagado por usar listas de viñetas, ¿verdad?

12) Hago lo que todo el mundo: Así quedo bien con todos.

Qué queréis que os diga. Bajo mi punto de vista, las listas son para ir a hacer la compra, no para hacer presentaciones ni expresar ideas.

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Y tú, ¿usas listas de viñetas? En tu sector, ¿todo sigue igual? ¿Hay casos en las que las ves útiles?


En cada presentación haz algo para salirte de tu zona de confort

junio 16, 2011

El lunes apareció publicada en el blog La vida es vivir de mi amiga María Dolores Novillo una entrada escrita por mí sobre la necesidad de salir de nuestra zona de confort para continuar creciendo y desarrollándonos como personas, titulada La vida es riesgo.

Gran parte de mis reflexiones en ese texto pueden aplicarse igualmente a las presentaciones. Como he repetido en muchas ocasiones, las presentaciones mediocres son invisibles. Para alcanzar la excelencia hay que atreverse a correr riesgos. No puedes pretender destacar si haces lo mismo que todos. Rápidamente nos acomodamos en nuestra zona de confort: utilizamos la plantilla de PowerPoint como todo el mundo, para hacer las transparencia de siempre y presentarlas como es costumbre. En definitiva, más de lo mismo. Tus presentaciones pasarán desapercibidas y morirán en el olvido.

Si quieres alcanzar la excelencia, debes buscar el riesgo

Si quieres que tus presentaciones impacten, en cada una haz algo para salirte de tu zona de confort. Presenta ideas provocadoras, utiliza gráficos diferentes, dramatiza, haz participar a la audiencia, cuenta historias, pon corazón.

La vida es riesgo. Las presentaciones sobresalientes, también.

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¿Qué haces para salirte de tu zona de confort en las presentaciones?


¿Qué nos jugamos cuando hablamos en público?

mayo 5, 2011

“Puedo elegir cualquier espacio vacío y llamarlo escenario. Una persona atraviesa este espacio mientras otra la observa y eso basta para que el acto teatral se desencadene”.

—Peter Brook

No podemos no comunicar. Nuestra vida es comunicación. Contrariamente a lo que uno podría creer, no sólo comunicamos con nuestras palabras, sino con todo nuestro ser: con nuestro lenguaje paraverbal (volumen de voz, entonaciones, vocalización, ritmo de palabra, pausas) y corporal (postura corporal, expresividad de la cara, gestos, mirada, respiración). Tú eres tu mensaje. Según tu profesión, tendrás además que hablar en contextos más formales: congresos, eventos, convenciones, reuniones, ruedas de prensa, aulas de formación, etc. Y es en estas situaciones donde se ponen al descubierto nuestras vulnerabilidades y carencias como oradores. El error más extendido es centrarse exclusivamente en el contenido, sin comprender que las señales más importantes que recibe el público son las no verbales. Es justamente la comunicación no verbal la que transmite la seguridad y credibilidad del orador.

:”¿Qué nos jugamos cuando hablamos en público?”, de Pascale Bang- Rouhet

Pascale Bang- Rouhet aborda en su libro ¿Qué nos jugamos cuando hablamos en público? las técnicas necesarias para mejorar nuestra capacidad de comunicación a través de la expresividad del cuerpo y de la voz. Utiliza la metáfora del teatro mental para desentrañar los factores que nos impiden expresarnos en público con confianza y ayudar así al lector a comprender su miedo escénico y a superarlo. Somos los autores de las obras de nuestro teatro mental, habiéndolas redactado a lo largo de nuestras experiencias. Somos los directores de la obra en tanto en cuanto que somos los responsables de nuestras decisiones y acciones. Somos los actores de nuestra obra, mientras que los demás adoptan el papel de público o actor en la medida de su implicación. Este teatro puede facilitarnos las cosas o complicárnoslas. Ayuda a entender por qué a veces hacemos siempre el mismo papel y participamos una y otra vez en las mismas obras. La buena noticia es que puedes cambiar de papel y de guión. De ti depende.

En la segunda parte del libro y más extensa, Pascale pasa a explicar los recursos del lenguaje corporal: el caminar, el apoyo de los pies, el movimiento de los brazos, la postura corporal de pie, la postura corporal estando sentado, la mesa de reuniones, las piernas cruzadas, la postura de la cabeza, la mirada, la expresividad en la cara, la boca, las cejas, los gestos, los brazos, las manos, los gestos parásitos, la respiración.

La tercera parte del libro está dedicada a los recursos del lenguaje paraverbal: la voz, el volumen, la vocalización, las entonaciones, los ritmos, las pausas y el manejo de los silencios.

Y como reflexiona Pascale en la conclusión de su obra:

“La comunicación no se aprende leyendo un libro. La comunicación es pura percepción, se siente, se vive, se mide y la práctica de las técnicas es primordial para abrir el camino del cambio.”

Si quieres mejorar la sintonía entre tu mensaje verbal, paraverbal y corporal encontrarás un gran aliado en este breve e intenso libro.

FICHA TÉCNICA

Autor: Pascale Bang- Rouhet
Título: ¿Qué nos jugamos cuando hablamos en público?
Editorial: Alienta
Páginas: 121
Año: 2009
Lo mejor: Gracias a la potentísima metáfora del teatro mental, aborda todo el espectro de la paleta paraverbal así como el repertorio corporal completo, desde una perspectiva humanista, muy centrada en la superación de las barreras psicológicas autoimpuestas que nos impiden crecer como comunicadores. Un libro que ayuda a conocerse y a superarse.
Lo peor: El libro constituye una ayuda inestimable para tomar conciencia de las claves de la comunicación no verbal y se agradecerían más consejos prácticos y ejercicios para corregir las carencias identificadas.
Dónde comprarlo: Casa del Libro :: Amazon.es

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¿Cuántas transparencias debería tener una presentación?

marzo 10, 2011

A menudo me preguntan: “¿Cuántas transparencias debería tener una presentación?”, y yo maliciosamente respondo: “¿Por qué no ninguna?”. ¿Por qué usar transparencias repitiendo con texto todas y cada una de las frases del ponente? Para mucha gente la respuesta es el miedo: las transparencias funcionan como una red de seguridad para nuestras presentaciones.

Idealmente, las transparencias actúan como unos prismáticos. Éstos los usamos cuando queremos ver un objeto lejano, pero jamás los llevamos puestos todo el tiempo. De igual modo, las transparencias deberían amplificar tu mensaje, no repetirlo constantemente. Si no lo mejoran, entonces no aportan nada, sólo distracción, y deberían eliminarse. Cuando tus palabras no alcancen para explicar un concepto o idea, entonces sí, usa transparencias:

las transparencias deberían amplificar tu mensaje,  no repetirlo constantemente

Tú eres el visual número uno de tu presentación

Nos han enseñado desde niños a tomar notas en lugar de prestar atención. Como presentador, tus acciones sobre el escenario deberían demandar atención. Si pones una transparencia llena de texto, estás invitando a la audiencia a leer y tomar notas. Su atención no puede dividirse: o prestan atención a la transparencia o te la prestan a ti, pero es imposible prestar atención a los dos simultáneamente. Sobre el escenario, tú debes ser el protagonista y no PowerPoint.

Si las vas a usar, crea transparencias visualmente atractivas, con poco texto, idealmente no más de 100 caracteres. Si usas frases cortas, serán fácilmente tuiteables. Si el diseño de tu transparencia es impactante, algunos asistentes incluso la fotografiarán y la retransmitirán a través del backchannel. Y asegúrate de que todas tus transparencias pasan el Test de la Mirada. Aprende de maestros de las presentaciones como Steve Jobs. Ellos te enseñarán a abrazar el vacío.

Tú eres el protagonista y no PowerPoint

La pregunta correcta no es cuántas transparencias debería tener tu presentación, sino cuál es la historia que quieres contar. Las presentaciones extraordinarias casi nunca lo son por sus transparencias, sino por la personalidad del orador y la historia que tiene que contar.

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¿Cuántas transparencias sueles usar en tus presentaciones?


Entrevista NetEspresso: Presentaciones en público

febrero 17, 2011

NetEspressoEl pasado martes día 8 de febrero, Ana María Sequea, del blog de videoentrevistas NetEspresso, tuvo la amabilidad de invitarme a una entrevista a través de Internet. Como no podía ser de otra forma, estuvimos conversando acerca de las presentaciones en público.

Durante los más de 40 minutos de entrevista repasamos las fases de una presentación, así como consejos y pautas para aprender a superar el miedo a hablar en público y respuestas a algunas preguntas recibidas a través de Twitter.

Pero lo mejor es que veais vosotros mismos la entrevista, que ha sido publicada en dos partes.

Primera parte

Guía del video

00´16 – Conociendo a Gonzalo @ArtePresentar
02´03 – Planificación de la presentación
05´40 – La estructura de la presentación

Segunda parte

Guía del video

00´10 – El diseño de los visuales
02´37 – La presentación: momento de la exposición
07´08 – El Lenguaje Corporal y Paraverbal
12´09 – La respiración al hablar en público … @sonelguillen
16´18 – Una presentación con malas noticias… @obregond

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¿Y tú que opinas de las presentaciones en público?


En qué nos ayuda meditar a la hora de hacer presentaciones

diciembre 16, 2010

En todos mis cursos sobre cómo hacer presentaciones suelo dedicar un espacio a la meditación e invariablemente alguien me viene con salidas como “yo soy una persona seria y esto son tonterías New Age” o similares. Después de haber hablado sobre Total Meditación, un libro excepcional para aprender a incorporar la meditación a nuestra vida diaria, proporcionaré una breve lista de cuáles son los beneficios que a mí personalmente me ha aportado la meditación en mi vida y en mis presentaciones. Puedes reservar diariamente varias “ranuras de tiempo” para la meditación y comprobar por ti mismo si cosechas frutos parecidos. Me encantará saber de tu experiencia. ¡Anímate a dejar un comentario!

La meditación ayuda a aceptar el miedo

Todos sentimos miedo o nervios o ansiedad (llámalo como quieras) antes de una presentación. La meditación va haciendo poco a poco que te habitúes a la idea de sentir miedo. Tal y como afirma en Psicología del miedo, el experto en el tratamiento de miedos y fobias Christophe André: “No meditas para no tener miedo, sino para no temer al miedo”. Cuando tu mente está en calma y consciente de las reacciones corporales y psicológicas ante la situación temida, verás cómo te enfrentas mejor a los miedos. Meditar facilitará que poco a poco te distancies de las emociones negativas añadidas al miedo: miedo a tener miedo, vergüenza, rabia, etc.

Meditar no ha eliminado mi miedo, simplemente me ha servido para aceptar con serenidad la idea del miedo y pensar sin perder los estribos en los peores escenarios.

La meditación facilita la relajación

Nuestra vida cotidiana está marcada por el estrés y la ansiedad. Sólo pensar en la siguiente presentación ante tal comité o sobre tal tema, ya nos tensamos y se disparan las hormonas del estrés. Meditar no hace que tus tareas se resuelvan solas, pero permite que tus hormonas del estrés retornen a los valores normales.

La meditación me ha ayudado a afrontar con calma y sin agobios la enorme lista de tareas que me aguarda cada mañana para el día por delante: no puedo hacerlo todo, así que sólo hago lo más importante para mí.

La meditación mejora la atención

La meditación no es algo que practicas 10 minutos al día delante de un altar envuelto en una nubecilla de incienso y ya está. Puedes llevar la meditación al día a día, a tareas cotidianas tan prosaicas como fregar los platos, barrer, caminar por la calle, estar sentado en el metro o comer. La meditación me ha ayudado a vivir el presente, a concentrar la mente en la tarea que tengo entre manos sin pensar en lo que ya he hecho ni en lo que tengo por hacer: no me culpo por el pasado ni me angustio por el porvenir. Me concentro en una sola tarea: la que estoy haciendo AHORA.

La meditación me ha ayudado a ser más productivo, más creativo, más libre.

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¿Y a ti qué te ha aportado la meditación? Si nunca lo has hecho, ¿piensas practicarla?


Cuanto más te preocupes por la audiencia y menos por ti mismo, menor será tu miedo a hablar en público y mejor conectarás

noviembre 11, 2010

Sólo de pensar en la próxima presentación que tendrás que realizar ante un nutrido auditorio, ¿te pones enfermo? ¿Te produce una gran ansiedad hablar en público? Aunque la perspectiva no te atemorice, ¿percibes que no llegas a conectar sinceramente con la audiencia?

Si quieres aprender a superar tu miedo y a conectar mejor, tal vez deberías empezar por hacerte la siguiente pregunta:

Cuando preparas una presentación, ¿en quién estás pensando la mayor parte del tiempo? ¿En ti mismo o en tu audiencia?

El miedo sano te centra en la audiencia, el miedo insano te centra en ti mismo

Ante una futura intervención en público, phobos, el miedo patológico, nos inmovilizará, impidiéndonos vivir el ahora. En lugar de aprovechar nuestro tiempo y energías para investigar a la audiencia, acumular un buen material, crear una gran presentación, pasaremos las horas previas, ya sean de vigilia o de sueño, dándole vueltas a nuestros temores: ¿haré el ridículo?, ¿me pondrán en evidencia con preguntas difíciles?, ¿me quedaré en blanco?, ¿estaré a la altura?, ¿lo haré mejor que fulanito o menganito?, ¿obtendré una buena reseña?, ¿habré convencido al cliente? Yo, yo, yo y sólo yo. ¿Te das cuenta? Sólo piensas en ti mismo y en cómo lo harás. En ningún momento se te ha ocurrido pensar en las necesidades de la audiencia ni en cómo servirla mejor. Nunca olvides que en una presentación no hablas para ti, hablas para la audiencia. Phobos hunde sus raíces en el ego: tu propio temor te hace tener ojos sólo para ti. Pero si sólo te preocupas por ti mismo, ¿cómo esperas conectar con la audiencia?

Deimos, el miedo sano, nos mantiene alerta ante las necesidades de la audiencia: ¿qué necesita?, ¿me está siguiendo?, ¿estoy resolviendo su problema?, ¿cómo puedo ayudarle mejor?, ¿le aportará valor mi presentación? Cuanto más te preocupas por la audiencia y menos por ti mismo, menor será tu miedo a hablar en público y mejor conectarás con ella. En lugar de ver a la audiencia como una amenazadora masa indiferenciada, aprenderás a verla como un conjunto de personas individuales, cada una de ellas con sus inquietudes, expectativas y valor intrínseco. En el momento en que empieces a valorar a la audiencia, podrás aportarle valor. Y el miedo se irá por sí mismo.

Puedes ser un orador técnicamente perfecto, pero el público siempre sabe cuándo te interesas por él

La inseguridad hace que busques la aprobación de tu audiencia. Cuanto más necesites su aceptación, más te esforzarás por impresionarla y menos por satisfacer sus necesidades. El miedo puede ser sutil. Muchos oradores no temen enfrentarse a una audiencia; temen no ser evaluados como el mejor ponente del evento o no apabullar al cliente. La madurez de un ponente no sólo se mide por la calidad de sus presentaciones, antes incluso por su capacidad para ver y actuar por y para la audiencia.

Cuando tu ego desaparece, deimos triunfa, phobos retrocede.

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Pánico en el estrado (VIII): los circuitos cerebrales del miedo

noviembre 2, 2010

Cuenta el filósofo español José Antonio Marina en su obra Anatomía del miedo que el mariscal Henri de Turenne (1611-1675), famoso por su bravura, antes de entrar en combate se dijo:

¿Tiemblas, cuerpo mío? Pues más temblarías si supieras dónde te voy a meter.

Tenía miedo antes de cada batalla, pero no se dejaba intimidar por él. Es normal tener miedo antes de hablar en público, pero debemos ser nosotros quienes lo controlamos a él, y no al revés.

Tal vez pueda ayudarnos el comprender cómo funcionan los procesos neurológicos que desencadenan el miedo. ¿Cómo se puede aprender a no temerlo, sino a controlarlo?

Escenario biológico del miedo: la teoría del cerebro triuno de MacLean

El cerebro ha ido creciendo caóticamente, como una vieja casa a la que se le añade un corredor aquí, un porche allá y luego un desván. La parte más antigua de nuestro cerebro corresponde al tallo o tronco cerebral, compartida con los reptiles, de ahí que también se lo conozca como cerebro reptil. El tallo cerebral es el encargado de regular las funciones autónomas de nuestro cuerpo, como la circulación sanguínea, la respiración, la digestión, etc. Esta parte del cerebro es responsable de algunas reacciones somáticas ante las situaciones de peligro.

A lo largo de miles de años fue evolucionando sobre el anterior un segundo cerebro compartido con el resto de mamíferos: el sistema límbico o cerebro emocional, sede de las reacciones emocionales del miedo. El centro del miedo se localiza más concretamente en una pequeña zona denominada amígdala cerebral, por su forma ovalada de almendra. Ella es la responsable de disparar la señal de alarma en las situaciones de peligro.

Sobre este cerebro emocional arcaico, la evolución ha ido añadiendo un nuevo cerebro recubriendo al anterior, de ahí su nombre de neocórtex o nueva corteza cerebral, responsable de los complejos y avanzados procesos mentales humanos. Los mecanismos de regulación de las emociones en general y del miedo en particular se sitúan en esta capa más reciente de nuestro cerebro.

Nuestro cuerpo siempre siente miedo antes que nuestra mente

En Psicología del miedo, el experto en el tratamiento de miedos y fobias Christophe André explica el circuito biológico de activación del miedo. En primer lugar, nuestros órganos sensoriales (vista, oído, olfato, etc.) reciben información del entorno señalando la presencia o la posibilidad de un peligro. Estas informaciones activan la amígdala cerebral, la cual pone en marcha una primera alarma corporal bajo la forma de una reacción de despertar, sobresalto y tensión. Una vez activada esta alarma, el neocórtex se encarga de integrar todas las informaciones sensoriales, emocionales, culturales y personales para ejecutar un plan de acción que se adapte a las necesidades y al contexto de la situación de peligro. No podemos impedir la aparición de nuestras reacciones de miedo, pero sí podemos regularlas.

Sin embargo, si el neocórtex no frena la señal de alarma activada por la amígdala, el miedo se desboca: se instaura el pánico. Cuanto más se repite el pánico o sus comienzos, más se refuerzan los circuitos cerebrales del miedo hasta que éste se vuelve funcional. La amígdala aprende y memoriza perfectamente las experiencias y condicionamientos del miedo. Los temores excesivos responden a un desequilibrio en el diálogo entre la amígdala, centro del miedo, y la corteza, reguladora del miedo para su buen uso: demasiada activación e insuficiente regulación.

El aprendizaje del miedo es una vía de dos sentidos

La neuroplasticidad cerebral permite actuar sobre nuestro cerebro para lograr deshacer los caminos del miedo y que la amígdala desaprenda las reacciones ante estímulos prácticamente insignificantes.

Ahora bien, el cerebro emocional sólo cambia con la acción: evitar las situaciones temidas o reflexionar sobre nuestros temores no nos ayudará a librarnos de ellos. El cerebro emocional no escucha nunca al racional: sólo cree en lo que siente.

Sólo enfrentándote a tus miedos podrás superarlos

¿Cómo podemos desensibilizar el miedo? Mediante la terapia de exposición y de reestructuración cognitiva: viviendo nuevas experiencias que demuestren que muchos de nuestros prejuicios, creencias y supuestos sobre las situaciones que nos producen ansiedad son exagerados e irreales. La terapia de exposición hace que experimentemos de forma controlada nuestros temores y nos ayuda a descubrir y corregir nuestros pensamientos erróneos.

No elegimos tener miedo, pero podemos elegir hacerle frente para mantenerlo bajo control.

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Pánico en el estrado (VII): El miedo es un maravilloso sistema de alarma

octubre 26, 2010

Como ingeniero de seguridad, una definición operativa del miedo que me resulta extremadamente útil es la siguiente:

“El miedo es un sistema de alarma para avisarnos de un peligro con el fin de poder enfrentarnos mejor al mismo.”

—Christophe André

Acostumbramos a contemplar el miedo como parálisis, dolor y sufrimiento, cuando en realidad el miedo, si funciona correctamente, es un mecanismo evolutivo de supervivencia muy beneficioso. Sin miedo no podríamos sobrevivir. Pero no todos los miedos son iguales. Ya los griegos distinguían entre dos tipos de miedo: Deimos, el miedo sano, mental y reflexivo; y Phobos, el miedo patológico, intenso e irracional. Y los romanos también: Pallor y Pavor.

El miedo sano nos ayuda a sobrevivir, el miedo insano nos hace sufrir

El miedo sano se presenta cuando nuestro sistema de alarma está bien ajustado en su activación y regulación: se dispara en el momento apropiado ante la conciencia de un verdadero peligro, no una remota posibilidad o un recuerdo pasado, con una intensidad proporcional al mismo. Una vez evaluada la situación y actuado en consecuencia, desaparece rápidamente. El miedo sano genera un pequeño número de falsas alarmas. Su sensibilidad se regula adecuadamente en función del contexto.

El miedo insano, en cambio, corresponde a un sistema de alarma mal calibrado. Se activa ante cualquier situación de peligro real o imaginario: los umbrales de detección del riesgo poseen una sensibilidad exacerbada, por lo que el número de falsas alarmas se dispara: se tiene miedo de nada. Por otro lado, la regulación es casi inexistente: el miedo escala fácilmente en pánico y aunque el supuesto peligro desaparezca, la ansiedad y desasosiego siguen instalados. El miedo insano llega mucho antes de lo necesario y retorna además con muchísima facilidad. Se transforma en patológico, en verdadero sufrimiento. Como un huésped indeseado, se instala en la vida de quien lo padece.

La causa del miedo es bio-psico-social

El miedo a hablar en público de muchas personas trunca su carrera profesional. Los miedos patológicos incapacitan para la vida normal. Surgen fruto de una doble influencia: por una parte, la predisposición biológica, básicamente innata; por otra, la influencia ambiental, aprendida desde la infancia: la propia historia personal y el influjo cultural.

El médico psiquiatra Christophe André del hospital Sainte-Anne de París señala en su libro Psicología del miedo que esta adquisición puede producirse a través de cuatro aprendizajes:

  1. Vivencias y acontecimientos traumáticos que nos marcaron.
  2. Acontecimientos penosos y repetitivos soportados de forma regular que terminan afectándonos debido al efecto sumatorio.
  3. Aprendizaje social por imitación de modelos, especialmente los progenitores.
  4. La integración a través de la educación de mensajes de peligro culturales y colectivos.

El aprendizaje del miedo es una vía de dos sentidos

La buena noticia es que lo que funciona en un sentido, la sensibilización del miedo a través del aprendizaje o habituación, puede funcionar en el otro, la desensibilización, a través de la terapia de deshabituación. Este fenómeno, llamado neuroplasticidad cerebral, permite actuar sobre nuestro cerebro para lograr deshacer los caminos del miedo.

En las próximas entradas explicaré el fundamento psico-biológico del miedo y por qué la terapia de exposición es uno de los mejores métodos conocidos para ayudar a superar el miedo a hablar en público.

No tienes por qué vivir dominado por tu miedo, puedes enfrentarte a él.

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¿Sientes que el miedo a hablar en público te está frenando en tu carrera profesional? ¿Renuncias a puestos que exijan hacer frecuentes presentaciones?


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