Aprende a gestionar los cuatro territorios de la comunicación

julio 5, 2011

Proxemia y los territorios de la comunicaciónLa reciente entrada de Chema Cepeda (@EPigmalion) sobre la proxemia me ha inspirado este texto, centrado en el Arte de Presentar.

En las relaciones interpersonales es muy importante el manejo de las distancias o territorios de la comunicación. Según la Wikipedia:

“El término proxemia se refiere al empleo y a la percepción que el ser humano hace de su espacio físico, de su intimidad personal; de cómo y con quién lo utiliza.”

Existen cuatro distancias o territorios de la comunicación

Aunque pueden variar de una cultura a otra y de unos individuos a otros, en términos generales estas distancias son:

  • Espacio íntimo (entre 15 y 45 centímetros): La reservamos para personas de nuestra máxima confianza: pareja, familia y amigos más íntimos.
  • Espacio personal (entre 46 y 120 centímetros): La manejamos en la oficina, reuniones, asambleas, fiestas, conversaciones amistosas o de trabajo. Viene a poseer el radio de nuestro brazo extendido.
  • Espacio social (entre 120 y 360 centímetros): La que nos separa de los extraños y de la gente con la que entablamos contacto por primera vez.
  • Espacio público (a más de 360 centímetros y no tiene límite): Es la distancia idónea para dirigirse a un grupo de personas: el territorio del orador, utilizado en presentaciones.

La amplitud de estos espacios en nuestras interacciones es un indicativo de nuestro grado de timidez y de la confianza en nosotros mismos. Sentimos un cierto control de las tres primeras distancias, mientras que nos sentimos más inseguros al tratar con el espacio público.

Aprende a gestionar los cuatro territorios de la comunicación

Nuestro cuerpo no debe ser nuestro escudo

Cuando nos enfrentamos a una audiencia nos sentimos inseguros y hasta agredidos por sus miradas. Fíjate que con toda deliberación he usado la micro-metáfora “enfrentarnos”, que ya de por sí identifica las suposiciones o presuposiciones limitantes de quien así se expresa: el público como un enemigo.

¿Cómo superar esa tensión que produce situarse ante una audiencia más allá de nuestro control corporal? Cerrando el territorio de la comunicación: se usan las manos y brazos como un escudo. El orador víctima, por timidez o vergüenza, se coge las manos, cruza los brazos, se toca la cara o barbilla, mete las manos en los bolsillos, mantiene los brazos pegados al cuerpo, agacha la cabeza. El orador inseguro cierra y protege su espacio público. Reduce así su capacidad de actuación. Todos estos comportamientos inconscientes restan fuerza y energía a su presentación.

El orador adulto, con confianza en sí mismo y que valora y estima a su audiencia, adopta en cambio una postura abierta, que invita a compartir y entrar en su espacio público. Esta apertura del espacio público requiere una gran confianza en sí mismo.

No puedes no comunicar

Cuando subes al escenario y antes de que empieces a hablar, tu cuerpo ya está comunicando. Los primeros mensajes los transmites a través del control de tu postura corporal. Concretamente, por la forma como gestionas el territorio público.

Si quieres transmitir firmeza y credibilidad, ¡abre tu espacio público!

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¿Qué nos jugamos cuando hablamos en público?

mayo 5, 2011

“Puedo elegir cualquier espacio vacío y llamarlo escenario. Una persona atraviesa este espacio mientras otra la observa y eso basta para que el acto teatral se desencadene”.

—Peter Brook

No podemos no comunicar. Nuestra vida es comunicación. Contrariamente a lo que uno podría creer, no sólo comunicamos con nuestras palabras, sino con todo nuestro ser: con nuestro lenguaje paraverbal (volumen de voz, entonaciones, vocalización, ritmo de palabra, pausas) y corporal (postura corporal, expresividad de la cara, gestos, mirada, respiración). Tú eres tu mensaje. Según tu profesión, tendrás además que hablar en contextos más formales: congresos, eventos, convenciones, reuniones, ruedas de prensa, aulas de formación, etc. Y es en estas situaciones donde se ponen al descubierto nuestras vulnerabilidades y carencias como oradores. El error más extendido es centrarse exclusivamente en el contenido, sin comprender que las señales más importantes que recibe el público son las no verbales. Es justamente la comunicación no verbal la que transmite la seguridad y credibilidad del orador.

:”¿Qué nos jugamos cuando hablamos en público?”, de Pascale Bang- Rouhet

Pascale Bang- Rouhet aborda en su libro ¿Qué nos jugamos cuando hablamos en público? las técnicas necesarias para mejorar nuestra capacidad de comunicación a través de la expresividad del cuerpo y de la voz. Utiliza la metáfora del teatro mental para desentrañar los factores que nos impiden expresarnos en público con confianza y ayudar así al lector a comprender su miedo escénico y a superarlo. Somos los autores de las obras de nuestro teatro mental, habiéndolas redactado a lo largo de nuestras experiencias. Somos los directores de la obra en tanto en cuanto que somos los responsables de nuestras decisiones y acciones. Somos los actores de nuestra obra, mientras que los demás adoptan el papel de público o actor en la medida de su implicación. Este teatro puede facilitarnos las cosas o complicárnoslas. Ayuda a entender por qué a veces hacemos siempre el mismo papel y participamos una y otra vez en las mismas obras. La buena noticia es que puedes cambiar de papel y de guión. De ti depende.

En la segunda parte del libro y más extensa, Pascale pasa a explicar los recursos del lenguaje corporal: el caminar, el apoyo de los pies, el movimiento de los brazos, la postura corporal de pie, la postura corporal estando sentado, la mesa de reuniones, las piernas cruzadas, la postura de la cabeza, la mirada, la expresividad en la cara, la boca, las cejas, los gestos, los brazos, las manos, los gestos parásitos, la respiración.

La tercera parte del libro está dedicada a los recursos del lenguaje paraverbal: la voz, el volumen, la vocalización, las entonaciones, los ritmos, las pausas y el manejo de los silencios.

Y como reflexiona Pascale en la conclusión de su obra:

“La comunicación no se aprende leyendo un libro. La comunicación es pura percepción, se siente, se vive, se mide y la práctica de las técnicas es primordial para abrir el camino del cambio.”

Si quieres mejorar la sintonía entre tu mensaje verbal, paraverbal y corporal encontrarás un gran aliado en este breve e intenso libro.

FICHA TÉCNICA

Autor: Pascale Bang- Rouhet
Título: ¿Qué nos jugamos cuando hablamos en público?
Editorial: Alienta
Páginas: 121
Año: 2009
Lo mejor: Gracias a la potentísima metáfora del teatro mental, aborda todo el espectro de la paleta paraverbal así como el repertorio corporal completo, desde una perspectiva humanista, muy centrada en la superación de las barreras psicológicas autoimpuestas que nos impiden crecer como comunicadores. Un libro que ayuda a conocerse y a superarse.
Lo peor: El libro constituye una ayuda inestimable para tomar conciencia de las claves de la comunicación no verbal y se agradecerían más consejos prácticos y ejercicios para corregir las carencias identificadas.
Dónde comprarlo: Casa del Libro :: Amazon.es

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Derribando el mito de Mehrabian en las presentaciones

agosto 17, 2009

Si existe un mito recurrente en el mundo de las presentaciones orales, ése es el de la Regla de Mehrabian o Regla del 7-38-55. Esta regla resume las conclusiones de una serie de estudios realizados por el antropólogo Albert Mehrabian, los cuales nos indican que el lenguaje verbal (lo que se dice) participa escasamente en la comunicación de emociones y sentimientos: apenas un 7%. Aproximadamente un 38% de la comunicación corresponde al lenguaje paraverbal (entonación, proyección, tono, énfasis, pausas, ritmo, etc.) y el 55% al lenguaje corporal (gestos, posturas, mirada, movimiento, respiración, etc.).

La regla de Mehrabian

Por desgracia, esta regla ha sido malinterpretada por legiones de autores que escriben sobre el arte de presentar y hablar en público, quienes esgrimen afirmaciones del tipo “lo que dices sólo contribuye en un 7% al mensaje”. No es cierto, a menos que el mensaje quiera expresar cuánto te quiero o cuán contento estoy. La regla sólo se aplica a la comunicación de emociones o sentimientos. En las presentaciones profesionales habituales, más centradas en el pensamiento lógico y racional, no solemos hablar de nuestros sentimientos o gustos, por lo que el mensaje verbal contribuye en un porcentaje mucho mayor a la transmisión del mensaje, cercano al 100%.

Está tan extendido el mito de que “es más importante cómo dices algo que aquello que dices”, que están surgiendo voces de protesta en contra de su expansión. Me ha llamado especialmente la atención este reciente vídeo creado por la empresa de comunicación Creativityworks, el cual aborda con humor y maestría la destrucción del mito de Mehrabian.

A pesar del abuso y distorsión de la Regla de Mehrabian, sí podemos extraer una importante conclusión para nuestras presentaciones: el contenido de una presentación es lo más importante y constituye su razón de ser, pero la manera como se exponga causará un profundo efecto sobre la forma como lo recibirá la audiencia. Por eso es tan importante cuidar también la puesta en escena.

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Pánico en el estrado (I): catálogo de reacciones ante al miedo

noviembre 12, 2008

Según las estadísticas presentadas en el libro de curiosidades “The Book of Lists“, hablar en público se sitúa a la cabeza de todos nuestros miedos, por delante incluso del miedo a la muerte, que ocupa un modesto cuarto lugar. Estos sorprendentes datos llevaron al famoso comediante Jerry Seinfeld a la conclusión de que en un funeral la mayoría de los asistentes preferirían estar en el ataúd que pronunciando el panegírico del difunto.

Hablar en público ocasiona miedo escénico

Para la mayoría de nosotros hablar en público puede convertirse en una experiencia aterradora. Según la definición proporcionada por el pensador español José Antonio Marina en su obra “Anatomía del miedo”:

“Un sujeto experimenta miedo cuando la presencia de un peligro le provoca un sentimiento desagradable, aversivo, inquieto, con activación del sistema nervioso autónomo, sensibilidad molesta en el sistema digestivo, respiratorio o cardiovascular, sentimiento de falta de control y puesta en práctica de alguno de los programas de afrontamiento: huida, lucha, inmovilidad, sumisión.”

El miedo

A la vista de esta vívida descripción, cabe preguntarse: ¿qué peligro objetivo puede existir al hablar en público? ¿Por qué sentimos pánico? No va a hundirse el estrado bajo nuestros pies ni desplomarse el techo sobre nuestras cabezas. No nos van a tirar tomates. Ni siquiera van a abuchearnos por mal que lo hagamos. Y a pesar de todo, subir al estrado y tomar la palabra ante un auditorio nos incomoda, nos agobia, nos espanta:

  • Temblequean manos y piernas
  • Sudan excesivamente las palmas
  • El corazón late aceleradamente
  • Falta el aire
  • Se tensan los músculos
  • Se crispan las manos
  • El rostro se ruboriza
  • Se pierde la concentración
  • Aparecen molestias gastrointestinales
  • Tiembla la voz
  • Se seca la boca

Curiosamente, cuanto mayor es la audiencia más se agudizan las respuestas del miedo. Existe en nuestras mentes una relación inconsciente de proporcionalidad entre nuestros nervios y el tamaño de la audiencia, es decir, entre el número de ojos clavados en nosotros. A grandes audiencias, grandes temores. Como si fuera menor el esfuerzo para hablar ante tres que ante trescientos.

A grandes audiencias, grandes temores

Tener miedo a hablar en público es natural

Todos los oradores, con independencia de los años de experiencia, sentimos miedo antes de salir a escena. Lo que distingue a los grandes oradores es que aceptan la sensación de temor sin que llegue a dominarles. De hecho, ni siquiera es deseable suprimirlo por completo, porque sin miedo no hay tensión, y sin tensión no hay reflejos. Una pequeña dosis de tensión ayuda a hablar mejor.

El miedo se puede controlar, pero no se puede suprimir

Aprender a cabalgar sobre el tigre

José Antonio Marina nos recuerda en “Anatomía del miedo” que

“Valiente no es el que no siente miedo -ése es el impávido, el insensible-, sino el que no le hace caso, el que es capaz de cabalgar sobre el tigre.”

¿Sientes miedo al hablar en público? No te angusties, es normal, todos lo sentimos. Comenzaremos a vencer nuestro miedo cuando asumamos que hemos de convivir con una pequeña dosis de nervios en cada una de nuestras intervenciones. En próximas entradas veremos las estrategias para afrontarlo y usarlo en nuestro beneficio. El miedo es un terrible señor, pero un valioso esclavo.

Actualización 14/05/09

Elena Moltó se ha tomado el trabajo de realizar una brillante presentación inspirada en las entradas de la miniserie de Pánico en el estrado.

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¿Alguna vez has sentido miedo hablando en público? ¿Has experimentado alguna de las respuestas del miedo? Comparte tus experiencias con el resto de lectores mediante un comentario.


Sinfonía verbal y no verbal 7/38/55

septiembre 29, 2008

Siendo un niño, asistí durante una Semana Santa transcurrida en un pueblo del sur de España a la Vigilia Pascual, que se celebra durante la madrugada del sábado al domingo de Pascua. Alcanzado un cierto momento de la liturgia, el cura anunció: “¡Cristo ha resucitado! ¡Somos los más felices de los hombres todos! ¡Cantemos con alegría!”. A su indicación, los feligreses allí congregados entonaron el canto: “¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!”, con un tono arrastrado y monocorde, sin el más mínimo entusiasmo ni rastro de júbilo. Aún mantengo vívido el recuerdo de mi sorpresa infantil: “¿A quién quieren engañar? ¡No sienten la más mínima alegría!”. ¿Qué había ocurrido? Existía un desajuste entre el mensaje verbal y el mensaje no verbal: con las palabras los fieles decían una cosa, pero con la voz y el cuerpo contradecían la anterior.

La Regla de Mehrabian

El antropólogo Albert Mehrabian realizó una serie de estudios durante la década de los 70 en los que analizaba la importancia relativa de los mensajes verbales y no verbales. Los resultados a los que llegó en el curso de sus investigaciones resultaron sorprendentes. El lenguaje verbal (lo que se dice) participa escasamente en la comunicación de emociones y sentimientos: apenas un 7%. Aproximadamente un 38% de la comunicación corresponde al lenguaje paraverbal (entonación, proyección, tono, énfasis, pausas, ritmo, etc.) y el 55% al lenguaje corporal (gestos, posturas, mirada, movimiento de los ojos, respiración, etc.). La importancia de los elementos no verbales sobre los verbales aumenta si existen incongruencias entre ellos: si las palabras y el cuerpo están en descuerdo, uno tiende a creer al cuerpo. Un niño, sin leer a Mehrabian, había llegado a sus mismas conclusiones.

La Regla de Mehrabian se aplica a la comunicación de emociones, no de ideas

Ahora bien, debe tenerse muy presente que esta Regla de Mehrabian o Regla del 7-38-55 fue derivada a partir de experimentos realizados cuando el sujeto está hablando acerca de sus propias emociones y sentimientos. Por consiguiente, estos datos no pueden extrapolarse a toda situación de comunicación. A veces uno encuentra en manuales sobre cómo hablar en público afirmaciones del tipo “lo que dices sólo contribuye en un 7% al mensaje” y no es cierto, a menos que el mensaje quiera expresar cuánto te quiero o cuán contento estoy. En las presentaciones profesionales habituales, más centradas en el pensamiento lógico y racional, no solemos hablar de nuestros sentimientos o gustos, por lo que el mensaje verbal contribuye en un porcentaje mucho mayor a la transmisión del mensaje, cercano al 100%.

¿Tiene aplicación la regla de Mehrabian a una presentación convencional? Durante una conferencia, el contenido textual se expone de forma completamente verbal, pero acompañado de una serie de pistas no verbales que indican cuál es la actitud del orador hacia sus propias palabras. Por supuesto, el contenido de una presentación es lo más importante y constituye su razón de ser, pero la manera como se exponga causará un profundo efecto sobre la forma como lo recibirá la audiencia. La mayoría nos olvidamos del contenido de una charla que presenciamos años atrás, pero recordamos por largo tiempo al conferenciante.

Por lo tanto, debemos prestar atención a armonizar sinfónicamente nuestros mensajes verbales, paraverbales y corporales. Recuerda que hasta un niño es capaz de detectar inconsistencias entre ellos.

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