El mejor consejo para mejorar tus presentaciones: practica, practica, practica

marzo 29, 2012

Uno de los oradores más excepcionales a quien he tenido ocasión de ver en acción es Tony Robbins, el famoso gurú del crecimiento personal y autor de los best-sellers Poder sin límites y Despertando al gigante interior.  Sus charlas ante miles de oyentes entregados suponen un derroche extraordinario de energía. ¿Crees que nació con esa habilidad? Escucha lo que él mismo cuenta:

La gente a menudo me pregunta en mis seminarios: “¿Cuánto tiempo crees que me llevará dominar realmente esta disciplina en particular?”. Y mi respuesta inmediata es: “¿Cuánto tiempo quieres que te lleve?”. (…)

Yo me convertí en un orador público excelente porque en lugar de ofrecerme para hablar una vez a la semana, lo hacía tres veces al día. (…)

Mis socios comentaban qué “suerte” tenía de haber nacido con semejante talento “innato”. Traté de decirles lo que ahora te estoy diciendo a ti:

La maestría lleva tanto tiempo como tú quieras.

La falta de talento suele ser la justificación para la pereza

Deja de inventar excusas y de hablar de la falta de tiempo. No esperes al momento perfecto, porque nunca llegará. El famoso director de cine Stanley Kubrick daba el siguiente consejo a los aspirantes a cineastas:

“Coge una cámara y un rollo de película y rueda una película de cualquier tipo”.

No esperes a disponer de todos los recursos. No sueñes con las condiciones ideales. En lugar de lamentarte de lo que no tienes, saca partido a lo que ya tienes. Lo más importante al principio no es hacerlo bien, ni siquiera regular, sino empezar y tirar para adelante. Y cuanto antes empieces, tanto mejor. Mejor fallar al principio, cuando aún no tienes cargos de responsabilidad o de mucha visibilidad, que postergarlo y postergarlo, hasta que ya has ascendido y tus errores serán mucho más visibles y su coste, mucho mayor.

Así que empieza a hablar en público a la primera oportunidad.

(Si estás motivado y no sabes por dónde empezar, puedes apuntarte a alguno de mis próximos cursos para crear y exponer presentaciones)

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Las cuatro excusas más habituales para no ensayar antes de tu presentación

octubre 15, 2009

Fabricamos excusas para todo“Yo no necesito ensayar”. Lo he oído repetir mil y una veces. Y así salen las charlas, claro. Si nunca ensayas, una de las primeras consecuencias nefastas suele ser exceder el tiempo asignado. Otra suele ser embrollarte y andarte con ambages sin llegar al grano, olvidando detalles relevantes y proporcionando otros muchos irrelevantes. Y si además no dominas la materia, la inseguridad y las lagunas hacen su aparición, seguidas  en estrecha formación de los nervios capitaneados por el miedo.

A pesar de los innegables beneficios del ensayo, la triste realidad es que casi nadie ensaya. ¿Por qué no? Analicemos algunas de las excusas más habituales recopiladas por Javier Reyero en su libro “Hablar para conVencer”.

1. No tengo tiempo para ensayar

¿Recordáis la historia de aquel leñador que se afanaba trabajosamente en cortar madera con un hacha con el filo embotado porque, según él, no tenía tiempo para detenerse a afilarla? Afirma Reyero:

“El tiempo que se emplea en el ensayo no es un gasto, es una inversión.”

La excelencia sólo se consigue con la práctica. Los grandes profesionales de todos los ámbitos de la vida, artistas, deportistas, informáticos, etc., han “metido” muchas horas. Según algunos estudios, nada menos que 10.000 horas para llegar a ser cada uno un maestro de su arte. Ensayar “afila” tus destrezas.

No tengo tiempo para ensayar

2. Si ensayo descubro que no me lo sé

Efectivamente. Una gran verdad. Y digo yo: ¿no será mejor descubrirlo en solitario en tu casa o delante de un par de compañeros que no delante de docenas o cientos de personas durante la presentación? Si descubres durante los ensayos lagunas en tus conocimientos, fallos en tus razonamientos o inconsistencias en el hilo de tu argumentación, aún estás a tiempo de subsanarlos. Delante del público es ya demasiado tarde. Mejor remendar el descosido en casa que salir al escenario con el culo al aire.

Si ensayo descubro que no me lo sé

3. Cuando ensayo me pongo nervioso

Claro, porque descubrimos errores, nos damos cuenta de que la presentación no sale tan bien como nos gustaría. Pero precisamente gracias al ensayo podemos trabajar para corregir esos errores. Con cada nuevo ensayo comprobaremos cómo ganamos confianza. Al sentirnos más seguros de nosotros mismos y de nuestro discurso, entonces nuestro nivel de ansiedad disminuirá de forma natural. El mero hecho de haber ensayado y haber comprobado que te lo sabes y lo haces bien te permitirá controlar el miedo llegada la hora de la verdad.

Cuando ensayo me pongo nervioso

4. Prefiero improvisar y dejarme llevar

“Soy demasiado bueno como para ensayar”. Sí, estamos de acuerdo en que existen personas con un gran talento para la oratoria. Pero no olvidemos que cualquier destreza mejora si se la entrena. Por muy bien que creas que lo haces, si te analizas durante un ensayo descubrirás puntos de mejora. Y cuando llegue el momento de la presentación, lo harás aún mejor.

Prefiero improvisar y dejarme llevar

¿Ganará nuestra presentación si la ensayamos antes?

La respuesta es un rotundo sí. El ensayo es lo único que te conducirá de ser un buen presentador a ser un presentador extraordinario. ¡No tienes excusa para no ensayar!

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