Sal de tu zona de confort y presenta como nunca

septiembre 15, 2011

Recientemente vi esta interesante charla a cargo de Joshua Foer, autor del popular libro Moonwalking with Einstein: The Art and Science of Remembering Everything. En ella, Joshua explica cómo cuando aprendemos una nueva habilidad, en cuanto hemos alcanzado un nivel razonable de desempeño, tendemos a estancarnos: entramos en una fase de meseta en la que hemos adquirido las capacidades suficientes para satisfacer nuestras necesidades y dejamos de espolearnos para ir más allá.

He tratado de capturar la esencia de su charla en el siguiente gráfico. A medida que aprendemos una nueva habilidad, como podría ser hablar en público, va mejorando nuestra eficacia: cada vez lo hacemos mejor y vamos obteniendo mejores resultados. Llegado un punto en el que lo hacemos “suficientemente bien”, nos instalamos en nuestra zona de confort: ¿para qué probar nada nuevo si con lo que ya sé me vale?, ¿para qué arriesgar si obtengo resultados aceptables? Porque si presentas como siempre, fracasarás como nunca. Llegará el momento en que tus habilidades se queden obsoletas y dejes de cumplir el expediente. Te desplazarás paulatinamente hacia la izquierda en el gráfico de las presentaciones mediocres. No puedes crecer y evitar el riesgo al mismo tiempo.

Si dejas de mejorar, empiezas a empeorar

¿Cómo podemos salir de nuestra zona de confort y seguir mejorando nuestras habilidades? A continuación resumo las cuatro ideas más importantes de la charla de Joshua y su aplicación a El Arte de Presentar.

1) Practica lo que no funciona, no lo que funciona

Opera fuera de tu zona de confort y estudia tus fallos: ¿qué ha salido mal?, ¿qué no funciona?

Aprende de tus éxitos tanto como de tus fracasos. Ten en consideración las cinco personalidades de la presentación: lo que funciona ante una audiencia en unas determinadas circunstancias puede fracasar estrepitosamente ante otra audiencia en diferentes circunstancias.

2) Ponte en los zapatos de alguien que es más competente que tú

Estudia las actuaciones de grandes presentadores, piensa cómo se enfrentarían a los retos, analiza por qué hacen lo que hacen y por qué funciona.

En TED puedes encontrar un repositorio descomuncal con vídeos de los mejores ponentes del mundo. Viendo los vídeos de sus charlas no sólo aprenderás sobre multitud de temas de actualidad de disciplinas variadas. Aprenderás a presentar. Te sentirás impelido a abandonar tu zona de confort.

3) Busca la retroalimentación

Pregunta a la audiencia por el resultado de tu presentación: qué ha salido bien y qué ha salido mal. Busca opiniones sinceras y honestas. Sin crítica no podrás crecer.

4) Trata lo que haces como una ciencia

Recoge datos, analízalos, crea teorías de lo que funciona y de lo que no, crea una guía de buenas prácticas para ti o para tu organización. Tómate en serio las presentaciones.

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DIÁLOGO ABIERTO

¿Qué haces para no estancarte en tus habilidades de comunicación?

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Ensaya tus presentaciones

abril 22, 2009

¡Ensaya!Cuando acudimos al teatro y contemplamos la interpretación de los actores sobre el escenario, ¿acaso creemos que la están improvisando? Incluso cuando vemos un monólogo del Club de la Comedia o escuchamos a un cuentista narrar una historia, ¿de verdad creemos que están contando lo primero que se les viene a la cabeza? En realidad estamos contemplando el resultado final de muchas horas de preparación.

Javier Reyero recoge en su libro “Hablar para conVencer” una vieja máxima de la radio:

“No hay mejor improvisación que la improvisación ensayada.”

—Javier Reyero

Cuanto mejor ensayada está la interpretación, más natural y espontánea parece sobre el escenario. El arte de presentar no es ajeno a esta máxima. No importa lo experimentados que seamos como oradores, siempre es buena idea ensayar antes de una presentación. Los ensayos ayudan a terminar con los nervios. Cuanto más ensayamos, más seguros nos sentimos de nosotros mismos y de nuestro material. Un ensayo adecuado nos servirá para dominar la presentación y reducir los posibles errores durante la misma. Cuando alguien me dice: “Yo tengo muchas tablas, no necesito ensayar”, ¡me echo a temblar!

Ensayar te ayuda a clarificar tus ideas

Ensayar te aporta numerosos beneficios

Oradores hay con muchas presentaciones a sus espaldas quienes consideran que no necesitan ensayar. A pesar de ello, siempre se nota quién ha ensayado y quién no. Nunca deberían subestimarse algunas de las ventajas de un buen ensayo que nos recuerda Javier Reyero:

  • Verificas la información que vas a exponer. Mejor aún si puedes hacer el ensayo delante de colegas que conocen el tema para que puedan buscar lagunas en tus razonamientos o fallos en tus argumentaciones.
  • Te preparas para la tensión que genera la aparición en público. Una de las mejores formas para combatir el miedo a hablar en público es ensayar tu presentación. El ensayo ayuda a sobreponerse a los nervios cuando llegue el momento de la verdad. El ensayo genera confianza y disminuye la ansiedad.
  • Sientes algunas de las sensaciones que se experimentarán durante la presentación. El ensayo debe tener emoción. Cuanto más se parezcan las condiciones del ensayo a las reales de la presentación final, mejores serán los resultados.
  • Mides el tiempo real de la exposición. Nunca debemos excedernos del tiempo asignado. Es más, deberíamos utilizar un 80% del tiempo como máximo. Ensayar ayuda a mantenerse dentro de los límites establecidos. Incluso los mejores oradores del mundo corren el riesgo de pasarse del tiempo si no ensayan.
  • Reduces las posibilidades objetivas de cometer errores. Al ensayar en las mismas (o casi idénticas) condiciones que en la presentación definitiva, pones a prueba todo tu material multimedia, iluminación, demos, sabes lo que dirás ante cada transparencia, etc. Los errores que puedan surgir en tu primer o segundo ensayo, habrán sido pulidos y superados. Cuantos más errores detectes en los ensayos, menos cometerás en la presentación.

En la siguiente entrada se ofrecerán una serie de pautas para realizar un buen ensayo.

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DIÁLOGO ABIERTO

¿Sueles ensayar antes de una presentación? ¿De qué manera? ¿Por qué no? Comparte tus experiencias con el resto de lectores.


Punteros láser y el Lado Oscuro de la Presentación

octubre 7, 2008

Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, los presentadores usaban transparencias simples y claras y hablaban mirando al público a los ojos. El Emperador Palpatine, celoso del éxito de las presentaciones de la Alianza Rebelde, llamó a la Estrella de la Muerte a su discípulo Darth Vader y le consultó sobre cómo atraer a los presentadores rebeldes al Lado Oscuro de la Presentación. Darth Vader meditó largamente y finalmente llegó a la solución ideal: “¡Les repartiremos punteros láser!”

Pocas herramientas después del propio PowerPoint resultan más abusadas que estas minúsculas espadas láser, para nada inofensivas.

Por qué no utilizar puntero láser en una presentación

  • El Reverso Tenebroso de la Presentación es poderoso. Debido a su facilidad de uso, uno se siente tentado de utilizar el puntero innecesariamente para señalar cada boliche y cada elemento que aparece en pantalla, especialmente cuando se está nervioso, provocando tedio y fatiga en la audiencia. Con un puntero en la mano, debe ejercerse un poderoso autocontrol para no caer en este vicio irritante.
  • Cuando se está señalando compulsivamente cada elemento de la pantalla, el ponente se desvanece, transformándose en una voz en off que narra cada boliche o, mucho peor, los lee. La pantalla pasa a cobrar todo el protagonismo, ya que el ponente termina dando la espalda al público, limitándose a señalar y leer lo que aparece en pantalla. El puntero funciona como un ancla que amarra ponente y audiencia a la pantalla, destruyendo la magia de la presentación. ¿Se imaginan a un actor del Club de la Comedia dando la espalda al público y hablando para sí mismo?
Si señalas todo con el puntero, das la espalda al público

Si señalas todo con el puntero, das la espalda al público

  • Si la mano tiembla, el puntero amplificará estos temblores en la pantalla. El público lo percibirá y si el ponente también se da cuenta del temblor, se pondrá más nervioso todavía. Si el temblor ocurre, hay que tratar de apoyar el puntero en el cuerpo, de manera que se disminuyan los movimientos. O mejor aún, apagar el puntero y olvidarse de él.
  • Algunos oradores mantienen el botón presionado todo el rato y pasean inadvertidamente el haz por toda la sala, obligando al público a seguir hipnóticamente sus evoluciones por techo y paredes o a esquivarlo cuando se dirige a sus ojos.
  • Resulta casi imposible sustraerse a la tentación de juguetear con los objetos que tenemos en la mano. Sobre todo si se está nervioso, uno puede involuntariamente darle vueltas entre las manos, estrujarlo o, en el colmo del paroxismo, hacerlo girar al extremo de la cadenita.
  • Por último, si el ponente justificadamente necesita un puntero para señalar las distintas partes de una transparencia, entonces ésta es demasiado complicada y no se ha hecho un uso correcto de la simplicidad, la animación, la segmentación u otros principios básicos de diseño que garantizan la fácil comprensión de las transparencias y vuelven innecesario el uso de punteros.

No uses puntero láser. Y si de verdad crees necesitar uno puntualmente, tómalo, úsalo y déjalo donde estaba.

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