Conoce a la audiencia de tus presentaciones con un mapa de empatía

septiembre 29, 2011

Mapa de empatía

Si no sabes quién es tu audiencia, ¿cómo pretendes ayudarla? El mapa de empatía es una potente herramienta creada por la empresa de pensamiento visual XPLANE para ayudarte a conocer a tu público. La descubrí a través del libro Generación de modelos de negocio de Alexander Osterwalder e Yves Pigneur, cuya lectura recomiendo encarecidamente. Dentro del contexto de los modelos de negocio, el mapa de empatía te ayuda a ir más allá de la mera segmentación demográfica del cliente y desarrollar una mejor comprensión de su entorno, comportamiento, preocupaciones y aspiraciones. En el contexto de las presentaciones, te ayuda a comprender mejor qué es lo que mueve de verdad a los miembros de tu audiencia.

El mapa está organizado en seis cuadrantes:

  • ¿Qué ve? ¿Cómo es su entorno? ¿Cómo son sus amigos? ¿Qué le ofrece el mercado?
  • ¿Qué oye? ¿Qué dicen en su entorno, sus amigos, sus jefes, su círculo de influencia?
  • ¿Qué piensa y siente realmente? ¿Cuáles son sus necesidades, preocupaciones y expectativas?
  • ¿Qué dice y hace? ¿Cuáles son su actitud y conducta?
  • ¿Cuál es su dolor? ¿A qué desafíos, frustraciones y obstáculos se enfrenta?
  • ¿Qué gana? ¿Cuáles son sus objetivos y cómo mide el éxito en la consecución de éstos?

Para sacarle el máximo partido al mapa, imprime una versión tan grande como puedas y fíjala en la pared. A continuación, vete escribiendo en post-its respuestas a las mencionadas preguntas, los cuales pegarás sobre el mapa en los cuadrantes apropiados.

Si quieres ponerlo a prueba, descárgate una versión de alta resolución del mapa para imprimir a un tamaño de 1200 x 800 mm y cuéntanos cómo te ha ido con él.

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Del BulletPoint al GraphicPoint y tiro porque me toca

septiembre 27, 2011

“Las fotografías son las listas de viñetas del siglo XXI”

Martin Fowler

El jueves de la semana pasada participé en el evento StartUpBootcamp apadrinando a la startup Linkovery. Diez empresas en busca de financiación presentaron sus proyectos ante un foro compuesto por mentores e inversores. El tiempo estaba limitado a 7 minutos por empresa, restricción que todas cumplieron escrupulosamente tras numerosos días de repetidos ensayos. Observé complacido que ni una sola de las presentaciones incluía listas de viñetas en sus transparencias. Claro que si no usas listas de viñetas, entonces ¿qué usas? El recurso habitual suelen ser las fotografías. Y la mayoría de las veces, tristemente, se usan mal, como ocurrió en varias de las presentaciones del jueves. ¿Por qué mal? Porque estamos completando un ciclo.

graphicpoint

Ahora que las listas de viñetas están superadas, hay que dejar atrás las fotografías decorativas

La Historia es un constante vaivén pendular: después de completar una revolución volvemos al punto de partida. Todos coincidimos en que las listas de viñetas son ineficaces. Está claro que había que hacer algo, sí, había que empezar una revolución. En un movimiento de reacción muy comprensible y loable en contra de la omnipresencia de las listas de viñetas, éstas comenzaron a ser sustituidas por fotografías.

Al principio las audiencias suspiraron aliviadas refrescadas por el nuevo viento del cambio: ¡por fin visuales sin texto en la pantalla! Rápidamente, la situación ha ido evolucionando hacia el absurdo. ¿Hablas de la misión de la compañía? Hala, vas y pones una diapositiva con una foto de la misión Apollo XIII a la luna y una sola palabra: MISIÓN. ¿Hablas a continuación de los retos por delante? Pues nada, pones una diapositiva con una foto de una carretera norteamericana en mitad del desierto y un bisonte mirándote con cara de pocos amigos, con una palabra en grandes letras: RETOS. Y así sucesivamente. ¿Mejor que las listas de viñetas? Sin duda. ¿Comunica algo? Nada, sólo decora.

Lo confieso. Inspirado por Garr Reynolds y otros gurús, yo soy el primero que ha pasado largas horas buscando fotos en Google, en Flickr  o en sitios de venta de fotografías de stock en pos de la imagen perfecta para representar el concepto de la diapositiva. Ya sabéis de qué hablo: vas seleccionando fotografías de acá y de allá y luego le enseñas a un compañero tu botín: “Oye, Julián, ¿cuál de estas dos fotografías crees que ilustra mejor el concepto de creatividad? ¿El niño pintando con sus pies en la pared o estos ejecutivos saltando en una pradera con cajas de cartón sobre sus cabezas?”. Simplemente ridículo, ¿no crees?

De la decoración a la comunicación

Una buena idea no necesita de ropajes visuales. Cuando Winston Churchill utilizó la metáfora imborrable del telón de acero, no la ilustró con una fotografía de un telón de teatro retocado con Photoshop para darle textura metálica. No uses fotografías a menos que sea necesario ilustrar lo que tus palabras no alcanzarían a expresar jamás. Usa visuales solamente cuando complementen y amplifiquen tus palabras. El resto del tiempo, en lugar de fotografías, usa palabras visuales que dibujen tus conceptos.

Si tus fotografías no refuerzan tu mensaje, ahórratelas. Recuperarás además muchas horas desperdiciadas buscando fotos por Internet que podrás dedicar a mejorar la estructura y a ensayar tu presentación.

Tú eres el visual más importante sobre el escenario, nunca PowerPoint, con listas de viñetas o sin ellas.

[Mañana miércoles 28 de septiembre impartiré un taller gratuito titulado “Más allá del PowerPoint” auspiciado por Iniciador, en la sala Utopic_Us de Madrid, a las 17.00. Consulta todos los detalles. ¡No faltes!]

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Tu presentación es un servicio, no un producto

septiembre 22, 2011

“No dejes que nadie llegue jamás a ti sin que al irse se sienta mejor y más feliz.”

Madre Teresa de Calcuta

Servicio es la acción y efecto de servir. Tu presentación debe servir a los intereses de la audiencia y no al revés. El orador centrado en sí mismo raramente conecta con la audiencia. Los buenos comunicadores en cambio se centran en las necesidades de la audiencia y no en las suyas propias. Para poder causar un impacto en el público antes debes mostrarle tu preocupación por ayudarle. Para ayudar a alguien antes debes saber cómo piensa y cómo actúa. Antes de pedirles que se sienten a escucharte, siéntate tú a escucharlos a ellos. Este cambio de actitud aumentará tu conexión con ellos y el valor que podrás aportarles.

Cuanto más te preocupas por ti, menos piensas en la audiencia

Como señala Andrés Pérez Ortega en su libro para ayudar a los profesionales a convertirse en una referencia, Expertología, “hablar en público es una herramienta de visibilidad y notoriedad muy potente para reforzar tu posicionamiento”.

El problema del que ya nos advierte Andrés es que a muchos profesionales se les ve el plumero. En sus charlas se nota que este profesional habla antes que nada para vender su producto o servicio. La presentación no es más que una excusa para promocionar su marca personal o empresarial. En realidad le importan muy poco los problemas y necesidades de la audiencia. En el fondo no la valora, por lo que es difícil que pueda aportarle verdadero valor.

Este ponente pasa el tiempo previo a la presentación preguntándose: ¿cómo puedo impresionar a la audiencia con mis conocimientos?, ¿lo haré mejor que fulanito o menganito para parecer más experto que ellos?, ¿obtendré una buena reseña en los medios que aumente mi proyección profesional o la de mi empresa?, ¿conseguiré hacer un buen puñado de clientes tras mi intervención? ¡Yo, yo, yo y sólo yo! ¿Te das cuenta? Este profesional sólo piensa en sí mismo y en los beneficios que obtendrá de su presentación. No busca aportar valor sino hacer una venta. En ningún momento se le ha ocurrido pensar en las necesidades de la audiencia ni en cómo servirla mejor.

Nunca olvides que en una presentación no hablas para ti, hablas para la audiencia. Y si sólo te preocupas por ti mismo, ¿cómo esperas conectar con la audiencia?

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Qué difícil es encontrar una opinión sincera sobre tu presentación

septiembre 20, 2011

“Desde lo alto de un cocotero, un mono arrojó un coco sobre la cabeza de un sufí. El hombre lo recogió, bebió el dulce jugo, comió la pulpa y se hizo una escudilla con la cáscara.”

―Anthony De Mello, “El canto del pájaro”

A ver, di la verdad. Cuando alguien ha hecho una presentación horrible y te pregunta qué te ha parecido, ¿cuántas veces se lo dices a la cara? No sé tú, la mayoría de la gente responde con un poco efusivo “muy bien, muy bien, me ha encantado”, sin atreverse a expresar su verdadera opinión: “Vaya mierrrrrrda de presentación. Macho, dedícate a otra cosa porque da pena verte”. Hace falta mucho coraje para decir lo que uno piensa de veras, ¿verdad? Y no digamos ya si quien te pide tu opinión es tu jefe. Tenemos mucho miedo a quedar mal.

¿Te has parado a pensar que si tú no dices a otros ponentes lo que de verdad piensas de ellos, resulta que tampoco nadie te dice a ti la verdad? Así que como ponente te enfrentas a un grave problema: ¿cómo recibir retroalimentación sincera de la audiencia? Es triste admitirlo: caminas por el mundo sin saber si lo haces bien o si lo haces mal. Las salas de conferencias rebosan de ponentes que creen que lo hacen muy bien porque nunca nadie se atrevió a decirles que lo hacen muy mal ni mucho menos cómo hacerlo bien. Ni decimos la verdad ni queremos oírla. No nos atrevemos a lanzar cocos sobre la cabeza de los demás ni queremos que nos los lancen.

Retroalimentacion

Las encuestas al uso sirven de bien poco

Seguro que más de una vez has rellenado esos cuestionarios que se pasan en los eventos para calificar la actuación de los ponentes. No sé quién diseña esas preguntas, porque la verdad es que parecen pensadas para no extraer información valiosa alguna. La más típica es la siguiente:

  • Evalúa al ponente en una escala de 1 a 5

Con esas preguntas no se puede obtener retroalimentación de valor de la audiencia. ¿De qué me sirve saber que mi nota media ha sido un 2 sobre 5 si nadie me explica por qué me han dado una puntuación tan baja?  Y si mi nota ha sido de 4,9 sobre 5, ¿cómo sé qué es lo que ha gustado tanto para poder repetirlo? ¿Cómo se compara mi nota con la de otros ponentes del evento?

Scott Berkun propone en su libro “Confessions of a Public Speaker” otro tipo de preguntas más acertadas para proporcionar retroalimentación valiosa:

  • ¿Qué cambio mejoraría drásticamente mi presentación?
  • ¿Qué cuestión esperabas que mi charla respondiera y quedó sin respuesta?
  • ¿Qué hice que impidió que pudiera ofrecerte lo que de verdad necesitabas?
  • ¿Consideras que asistir a esta charla ha supuesto un buen uso de tu tiempo?
  • ¿Recomendarías esta presentación a otros?
  • ¿Harás algo diferente a partir de ahora como resultado de esta presentación?
  • ¿Te sientes motivado o inspirado tras la charla?

Siempre puedes preguntar directamente a miembros de la audiencia y cuando te respondan que “lo has hecho muy bien”, agradéceselo y pídeles que te expliquen cómo podrías mejorar tu charla la próxima vez. No dejes que la conversación muera ahí: dales tu tarjeta de visita y anímales a que te escriban con sugerencias de mejora, utiliza el backchannel para solicitar retroalimentación valiosa, asegúrate de que tus charlas son grabadas en vídeo y examínalas después con objetividad, a poder ser junto a una persona de confianza que aporte sus comentarios.

La retroalimentación proveniente de los demás traza la vía rápida hacia nuestra mejora. Aunque nos duela, necesitamos recibir esos cocotazos. Sin crítica sincera no puedes crecer.

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Sal de tu zona de confort y presenta como nunca

septiembre 15, 2011

Recientemente vi esta interesante charla a cargo de Joshua Foer, autor del popular libro Moonwalking with Einstein: The Art and Science of Remembering Everything. En ella, Joshua explica cómo cuando aprendemos una nueva habilidad, en cuanto hemos alcanzado un nivel razonable de desempeño, tendemos a estancarnos: entramos en una fase de meseta en la que hemos adquirido las capacidades suficientes para satisfacer nuestras necesidades y dejamos de espolearnos para ir más allá.

He tratado de capturar la esencia de su charla en el siguiente gráfico. A medida que aprendemos una nueva habilidad, como podría ser hablar en público, va mejorando nuestra eficacia: cada vez lo hacemos mejor y vamos obteniendo mejores resultados. Llegado un punto en el que lo hacemos “suficientemente bien”, nos instalamos en nuestra zona de confort: ¿para qué probar nada nuevo si con lo que ya sé me vale?, ¿para qué arriesgar si obtengo resultados aceptables? Porque si presentas como siempre, fracasarás como nunca. Llegará el momento en que tus habilidades se queden obsoletas y dejes de cumplir el expediente. Te desplazarás paulatinamente hacia la izquierda en el gráfico de las presentaciones mediocres. No puedes crecer y evitar el riesgo al mismo tiempo.

Si dejas de mejorar, empiezas a empeorar

¿Cómo podemos salir de nuestra zona de confort y seguir mejorando nuestras habilidades? A continuación resumo las cuatro ideas más importantes de la charla de Joshua y su aplicación a El Arte de Presentar.

1) Practica lo que no funciona, no lo que funciona

Opera fuera de tu zona de confort y estudia tus fallos: ¿qué ha salido mal?, ¿qué no funciona?

Aprende de tus éxitos tanto como de tus fracasos. Ten en consideración las cinco personalidades de la presentación: lo que funciona ante una audiencia en unas determinadas circunstancias puede fracasar estrepitosamente ante otra audiencia en diferentes circunstancias.

2) Ponte en los zapatos de alguien que es más competente que tú

Estudia las actuaciones de grandes presentadores, piensa cómo se enfrentarían a los retos, analiza por qué hacen lo que hacen y por qué funciona.

En TED puedes encontrar un repositorio descomuncal con vídeos de los mejores ponentes del mundo. Viendo los vídeos de sus charlas no sólo aprenderás sobre multitud de temas de actualidad de disciplinas variadas. Aprenderás a presentar. Te sentirás impelido a abandonar tu zona de confort.

3) Busca la retroalimentación

Pregunta a la audiencia por el resultado de tu presentación: qué ha salido bien y qué ha salido mal. Busca opiniones sinceras y honestas. Sin crítica no podrás crecer.

4) Trata lo que haces como una ciencia

Recoge datos, analízalos, crea teorías de lo que funciona y de lo que no, crea una guía de buenas prácticas para ti o para tu organización. Tómate en serio las presentaciones.

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El Partido Anti PowerPoint me tiene hasta los …

septiembre 13, 2011

AntiPowerPointParty

A lo largo del verano he recibido tropecientos tweets y no pocos emails de lectores interesándose por mi opinión con respecto al tan cacareado Partido Anti PowerPoint. Algunos os preguntaréis: ¿por qué entonces has guardado silencio durante tanto tiempo? Muy sencillo. Porque me parece una soberana estupidez. Lo veo como una simple campaña de marketing para vender ejemplares de su libro “The PowerPoint Fallacy”. Al fundador de esta charlotada, el tal Matthias Poehm, hay que reconocerle brillantez como estratega marketing-iano: ha conseguido que su libro aparezca mencionado en todos los periódicos y blogs más influyentes del mundo. Desde luego, una maniobra digna de figurar en los libros de texto sobre marketing y enseñarse en las escuelas de negocio sobre cómo conseguir que cientos de diarios, miles de blogueros y millones de tuiteros te hagan publicidad gratis. A estas alturas que yo mismo lo mencione desde mi humilde blog no va a alterar su volumen de ventas. Eso sí, me niego a enlazarlo, así que tendrás que buscarlo en Google.

PowerPoint no te hace estúpido, la incapacidad de pensar te hace estúpido

Ya estoy harto de oír voces estentóreas alzarse en contra del PowerPoint: desde el insigne profesor Edward Tufte de la Universidad de Yale en su artículo PowerPoint is Evil, hasta el periodista francés Franck Frommer, y ahora el líder del Partido Anti PowerPoint. Como si el pobre PowerPoint tuviera la culpa de la progresiva idiotización a que nos estamos viendo sometidos desde hace décadas.

Si una persona es incapaz de alumbrar ideas brillantes y de articularlas en un discurso coherente, que use PowerPoint para exponer al mundo sus sandeces no hace culpable a la herramienta de su incapacidad de pensar.

Si una persona se limita a volcar en sus intervenciones en público montañas de información desestructurada, incapaz de establecer conexiones entre distintos campos, de sintetizarla, de adaptarla al conocimiento previo de la audiencia, de buscar analogías, de jerarquizarla, etc., ¿culparemos a ello de PowerPoint porque sea la herramienta elegida para vomitar esa indigestión de datos?

¿Acaso antes de la llegada de PowerPoint, las salas de conferencias y de reuniones estaban pobladas por mentes preclaras de luminosas ideas expuestas con pasmosa brillantez? ¡Venga ya!

Qué queréis que os diga, para mí PowerPoint bien usado es una herramienta de comunicación extraordinaria. Estoy de acuerdo en que mayoritariamente se hace un uso nefasto de la herramienta. De ahí a culpar a PowerPoint del fracaso de las presentaciones es cerrar los ojos al verdadero problema: nuestra falta de claridad de ideas y de organización coherente del pensamiento.

No es que no sepamos usar PowerPoint: es que estamos olvidando cómo pensar.

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¿Opinas que PowerPoint nos hace más estúpidos?


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