Sinfonía verbal y no verbal 7/38/55

septiembre 29, 2008

Siendo un niño, asistí durante una Semana Santa transcurrida en un pueblo del sur de España a la Vigilia Pascual, que se celebra durante la madrugada del sábado al domingo de Pascua. Alcanzado un cierto momento de la liturgia, el cura anunció: “¡Cristo ha resucitado! ¡Somos los más felices de los hombres todos! ¡Cantemos con alegría!”. A su indicación, los feligreses allí congregados entonaron el canto: “¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!”, con un tono arrastrado y monocorde, sin el más mínimo entusiasmo ni rastro de júbilo. Aún mantengo vívido el recuerdo de mi sorpresa infantil: “¿A quién quieren engañar? ¡No sienten la más mínima alegría!”. ¿Qué había ocurrido? Existía un desajuste entre el mensaje verbal y el mensaje no verbal: con las palabras los fieles decían una cosa, pero con la voz y el cuerpo contradecían la anterior.

La Regla de Mehrabian

El antropólogo Albert Mehrabian realizó una serie de estudios durante la década de los 70 en los que analizaba la importancia relativa de los mensajes verbales y no verbales. Los resultados a los que llegó en el curso de sus investigaciones resultaron sorprendentes. El lenguaje verbal (lo que se dice) participa escasamente en la comunicación de emociones y sentimientos: apenas un 7%. Aproximadamente un 38% de la comunicación corresponde al lenguaje paraverbal (entonación, proyección, tono, énfasis, pausas, ritmo, etc.) y el 55% al lenguaje corporal (gestos, posturas, mirada, movimiento de los ojos, respiración, etc.). La importancia de los elementos no verbales sobre los verbales aumenta si existen incongruencias entre ellos: si las palabras y el cuerpo están en descuerdo, uno tiende a creer al cuerpo. Un niño, sin leer a Mehrabian, había llegado a sus mismas conclusiones.

La Regla de Mehrabian se aplica a la comunicación de emociones, no de ideas

Ahora bien, debe tenerse muy presente que esta Regla de Mehrabian o Regla del 7-38-55 fue derivada a partir de experimentos realizados cuando el sujeto está hablando acerca de sus propias emociones y sentimientos. Por consiguiente, estos datos no pueden extrapolarse a toda situación de comunicación. A veces uno encuentra en manuales sobre cómo hablar en público afirmaciones del tipo “lo que dices sólo contribuye en un 7% al mensaje” y no es cierto, a menos que el mensaje quiera expresar cuánto te quiero o cuán contento estoy. En las presentaciones profesionales habituales, más centradas en el pensamiento lógico y racional, no solemos hablar de nuestros sentimientos o gustos, por lo que el mensaje verbal contribuye en un porcentaje mucho mayor a la transmisión del mensaje, cercano al 100%.

¿Tiene aplicación la regla de Mehrabian a una presentación convencional? Durante una conferencia, el contenido textual se expone de forma completamente verbal, pero acompañado de una serie de pistas no verbales que indican cuál es la actitud del orador hacia sus propias palabras. Por supuesto, el contenido de una presentación es lo más importante y constituye su razón de ser, pero la manera como se exponga causará un profundo efecto sobre la forma como lo recibirá la audiencia. La mayoría nos olvidamos del contenido de una charla que presenciamos años atrás, pero recordamos por largo tiempo al conferenciante.

Por lo tanto, debemos prestar atención a armonizar sinfónicamente nuestros mensajes verbales, paraverbales y corporales. Recuerda que hasta un niño es capaz de detectar inconsistencias entre ellos.

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Gráficos: ¿un juego de niños?

septiembre 28, 2008

Los gráficos son imágenes destinadas a transmitir información sobre números y relaciones entre números de una forma mucho más eficaz que el mero listado de esos números. ¿Sabemos usarlos adecuadamente en nuestras presentaciones? Si de niños hubiéramos visto vídeos como este de la cadena estadounidense PBS, tal vez ahora seríamos más eficaces en su uso. ¡No te pierdas la música!

(Vía Digital Roam)


Principios universales de diseño

septiembre 26, 2008

Es muy posible que la mayoría de lectores de este blog no estén profesionalmente vinculados al mundo del diseño. Aunque como seres humanos modernos vivimos inmersos en un entorno cultural donde todo está diseñado, desde los paisajes urbanos hasta los productos y experiencias que consumimos, a menudo pasamos sin darnos cuenta del diseño que nos rodea. ¿Dónde aprender los conceptos básicos de diseño?

El libro “Principios universales de diseño” (“Universal Principles of Design” en el original) puede ser la respuesta. Su subtítulo es suficientemente explicativo: “100 maneras de fomentar el utilitarismo, influir en la percepción, incrementar el atractivo de los objetos, diseñar de forma más acertada y enseñar a través del diseño”. El libro va mucho más allá de la idea preconcebida de diseño y penetra en cuestiones aparentemente tan alejadas del diseño como el uso de arquetipos, cuentacuentos o la jerarquía de necesidades de Maslow, en línea con la idea de diseño como concepto total. Se trata de uno de esos raros libros que combinan con acierto una apariencia visualmente atractiva y una inspirada redacción junto con una clara exposición de los temas y una cuidada selección de los conceptos a tratar. Igualmente útil para expertos en diseño como para legos en la materia, aborda con rigor y claridad cuestiones fundamentales de interés para cualquier profesional que exhiba su trabajo en público: científicos, ingenieros, profesores, comerciales, directivos y, por supuesto, oficios más directamente ligados al diseño.

El libro define e ilustra 100 principios ordenados alfabéticamente utilizando un diseño muy eficaz: el texto en las páginas pares (izquierdas) y las imágenes y gráficos explicativos en las páginas impares (derechas). Para facilitar la localización del principio buscado se incluyen también índices temáticos. Un libro útil y bello a la vez.

En futuras entradas del blog se analizarán aquellos principios del libro con una aplicación más directa y beneficiosa para las presentaciones. No obstante, se recomienda encarecidamente su lectura a toda persona interesada en aprender más sobre el mundo del diseño. Aunque el libro no se adentra en demasiadas profundidades en cada uno de los 100 conceptos que aborda, aporta información suficiente para entender fácilmente todos y cada uno de ellos, acompañada de numerosas y valiosas referencias que permiten al interesado explorar por su cuenta aquellos conceptos que más le hayan atraído.

FICHA TÉCNICA

Autores: William Lidwell, Kritina Hiddern y Jill Butler
Título: Principios universales de diseño
Editorial: Blume
Páginas: 216
Año: 2008
Lo mejor: La claridad y elegancia con que introduce al lego en el mundo del diseño
Lo peor: La falta de profundidad en el tratamiento de la mayoría de los principios
Dónde comprarlo: Casa del Libro :: Amazon.com :: Amazon.es


Diseñar o morir

septiembre 24, 2008

“Yo soy científico, no diseñador” o “El diseño no va conmigo” son excusas frecuentes que he oído a muchos ponentes cuando he comentado con ellos la posibilidad de mejorar el diseño de sus transparencias. No nos engañemos y dejemos las cosas claras. Cuando llega el momento de realizar una presentación y crear las transparencias estamos diseñando una experiencia de comunicación. Conscientes de ello o no, todos somos diseñadores, aunque no todos somos buenos diseñadores. ¿Por qué no? A menudo nos falta la intención, no el talento, para crear un buen diseño. Consideramos que nuestro papel se limita a investigar, a crear proyectos o a vender productos, olvidando que a menudo un trabajo no culmina en un despacho o en un laboratorio, sino en una sala de conferencias. Una mala presentación puede arruinar en el último momento el esfuerzo de años. ¿Puede el diseño ayudarnos a comunicar mejor? ¿Tiene alguna importancia más allá de hacer bonito?

El diseño importa y mucho: puede destacar la diferencia entre una buena presentación y una presentación excelente, entre comunicar bien y no comunicar en absoluto. Un mal diseño deslucirá el discurso del mejor orador. Debemos tomar conciencia pues del enorme impacto del diseño en la comunicación. Ahora bien, para ser conscientes de su importancia en una presentación, en primer lugar debemos revisar en profundidad nuestro concepto de “diseño”.

Diseño no es decoración

La confusión más extendida con respecto a la idea de diseño surge cuando muchos profesionales ajenos al mismo lo equiparan de forma reduccionista a la apariencia o a la estética de las transparencias. En sus mentes consideran:

buen diseño = transparencias bonitas

Sin embargo, el diseño va mucho más allá de la mera adición de elementos decorativos a las transparencias o de la caprichosa elección de los tamaños y colores de las fuentes. El diseño no es sólo apariencia, también emoción. Si usamos el diseño adecuadamente, nuestras presentaciones pueden llegar a ser verdaderamente brillantes. El buen diseño de toda la presentación puede ayudarnos a comunicar mejor una idea que la audiencia pueda comprender y madurar en sus mentes, una idea con la que emocionarse, que inspire e impulse a la acción.

En el mundo de la industria informática y electrónica, Apple se ha convertido en el ejemplo paradigmático de empresa donde el diseño juega un papel capital. Como explican Robert Brunner y Stewart Emery:

“Apple ha construido una cultura impulsada por el diseño que sabe cómo conectar con sus clientes de una manera profundamente emocional. Los productos de Apple son portales a un asombroso menú de continuas experiencias que importan a muchos de nosotros.”

El éxito de Apple nos ha enseñado que debemos ampliar nuestro concepto de diseño más allá del mero objeto que contemplamos en nuestras manos, hasta una experiencia total con la marca, de la cual el objeto no es sino el portal de entrada. ¿Qué lecciones podemos aprender de empresas centradas en el diseño como Apple, IKEA o Nike, para aplicar a nuestras presentaciones?

iPod a la carrera

 

El diseño como concepto total

Al pensar en el diseño de una presentación sucumbimos a la tentación de representarnos mentalmente las transparencias, nada más. Ampliemos nuestros horizontes. El diseño de una presentación abarca toda la experiencia de la audiencia. Pensemos en todo el proceso que la audiencia experimenta cuando acude a una presentación del tipo que sea. En primer lugar es recibida en el edificio donde tiene lugar. A continuación es conducida a la sala de la conferencia, paseo que le obliga a recorrer una parte del edificio y entrar en contacto con diferentes personas: secretarias, porteros, azafatas, organizadores. La propia sala donde se celebra la presentación posee gran importancia: la decoración, la iluminación, la comodidad de los asientos, la distribución de los distintos elementos: posición y tamaño de la pantalla, forma del escenario, situación y aspecto de los apoyos multimedia, etc. Por último, hace su aparición el ponente. Todo en él transmite un mensaje y comunica una emoción: su ropa y peinado, su forma de moverse por el escenario o de estar sentado, los gestos o muletillas que utiliza, la articulación de su discurso, la interacción con el público, la voz. Y, por supuesto, el diseño en sí de las transparencias, que comprende no sólo la elección de colores y fuentes, sino el uso inteligente del espacio, la estructura del contenido, el equilibrio entre texto e imágenes, la integración con los materiales multimedia, etc. Todos estos puntos de contacto, físicos o intangibles, entre la experiencia de presentación y la audiencia contribuyen a crear en ella una emoción. Obviamente, no siempre podremos controlar todos los elementos de esta “cadena de la presentación”, pero podemos mejorar aquellos que caen bajo nuestro control e intentar influir en el resto en la medida de nuestras posibilidades. En futuras entradas se prestará atención a todos estos aspectos relacionados con el ponente y con las transparencias.

Si el diseño como concepto total no funciona, la presentación está condenada a la mediocridad. Y las presentaciones mediocres no se recuerdan, no inspiran, no motivan. Un buen diseño contribuye a una buena experiencia de comunicación, ayuda a transmitir un mensaje y una emoción a la audiencia. Debemos reformular por tanto nuestra definición de diseño:

buen diseño = buena comunicación del mensaje

El diseño es un poderoso aliado para alcanzar los tres objetivos fundamentales de toda presentación. No debemos temer ser creativos o innovadores en nuestro diseño. Es verdad que alejarse de los caminos trillados es arriesgado: a veces cometeremos errores, pero ¡qué fascinantes serán!

ENLACES RELACIONADOS

Los dos mejores libros que se han publicado hasta la fecha sobre la aplicación de los últimos conceptos de diseño a las presentaciones son:

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El ciclo vital de las presentaciones

septiembre 19, 2008

Los seres humanos, los animales, las plantas, los residuos, los productos fabricados, las enfermedades, las organizaciones, el software, todos ellos nacen (o son creados), crecen, se transforman y mueren (o son destruidos), aunque a veces reaparecen reencarnados en nuevas formas. De hecho, todo en este mundo posee su ciclo de vida particular, algunos de los cuales los estudiamos en la escuela o en la universidad. El ciclo vital de las cosas que usamos a diario está soberbiamente narrado en esta extraordinaria presentación a cargo de Annie Leonard. En esta corta presentación multimedia de eficaz diseño y gran creatividad, se destapan las contradicciones morales e injusticias sociales a lo largo del ciclo de vida de los productos que consumimos masivamente.

El ciclo vital de las presentaciones

Las presentaciones, como los demás seres, también presentan su propio ciclo de vida, que podría sintetizarse en cuatro etapas: 1) planificación, 2) estructura, 3) diseño, y 4) exposición. En realidad, más que del ciclo de vida hablaremos de la línea de vida de la presentación.

Planificación

Tan pronto uno conoce la fecha de una presentación, lo primero que debe hacer es planificarse. Las primeras preguntas a las que debe buscar respuesta son las siguientes:

  • ¿Cuál es el propósito de la presentación? ¿Informar, defender, vender, convencer, inspirar, …?
  • ¿Cómo es la audiencia? ¿Cuál es su edad media, nivel de formación medio, conocimientos previos? ¿Qué espera de la presentación?
  • ¿De cuánto tiempo se dispone?
  • ¿Cuál es la idea fundamental que se desea comunicar? En otras palabras, ¿cuál es el mensaje que se desea transmitir? ¿Cuál es la mejor estrategia para conseguirlo? ¿Qué puedo ofrecer a la audiencia?
  • ¿Qué conocimiento necesito yo como ponente? ¿Sé todo lo que necesito? ¿Necesito aprender algo?

En esta primera etapa, todavía no se ha abierto PowerPoint ni ninguna otra herramienta similar (Keynote, LaTeX, etc.) Como se verá, durante la planificación es mejor utilizar el lápiz y papel o la pizarra. Muchas de las entradas futuras del blog estarán dedicadas a esta etapa inicial, ofreciendo pautas para dar respuesta a estas importantes preguntas.

Estructura

Una vez que se ha respondido a los interrogantes anteriores, conviene comenzar a reunir el material y estructurarlo según la información recién obtenida. Normalmente, toda presentación se organiza en tres partes fundamentales: introducción, cuerpo y conclusiones. A su vez, la parte central o cuerpo suele subdividirse en varias partes en función de los conceptos que se desee transmitir. Ahora es el momento de pensar qué contenido irá en cada una de ellas, cuánto tiempo se les asignará, con qué profundidad y alcance se cubrirán, etc. También es un buen momento para reflexionar acerca de qué materiales de apoyo pueden incluirse y dónde dentro de la presentación: anécdotas, historias, vídeos, fotografías, ejemplos, explicaciones adicionales, etc. En el blog se ofrecerán variados consejos para ayudar a estructurar de la mejor manera la presentación en función de la ocasión.

Diseño

Ya se cuenta con el material en bruto de la charla y se sabe dónde encajará cada elemento. Se trata ahora de presentarlo con un diseño atractivo y cautivante. Habrá que prestar atención a cómo se incluirá el texto: la elección de las fuentes, el uso de boliches, los títulos, las tablas, las ecuaciones, etc. A continuación, si se decide utilizar material multimedia adicional, como vídeos, audios, animaciones, gráficos, fotografías, etc., habrá que pensar igualmente de qué manera incluirlo causando un impacto visual favorable. Debe hacerse igualmente un uso racional y comprensible de los gráficos (circulares, de barras, de líneas, etc.). El objetivo que nos animará a lo largo de toda esta fase es conseguir un diseño sencillo pero atractivo de nuestras transparencias, huyendo de las listas de boliches y del clip art y gráficos de baja calidad. Cada transparencia de nuestra presentación debería merecer figurar como un anuncio de una valla publicitaria o de una revista. Se pasará revista a los conceptos de diseño más innovadores y a los principios psicológicos que ayudan a diseñar una presentación de manera efectiva.

Exposición

Llega por fin la última y más temida etapa de la presentación, aquella en la que culmina todo nuestro trabajo anterior: la exposición delante de la audiencia. Para que la presentación sea un éxito deben tenerse en cuenta elementos de lenguaje verbal (lo que se dice, esto es, el contenido que se pondría por escrito en una transcripción) y de lenguaje no verbal (lo que no se registraría en papel). A su vez, dentro del lenguaje no verbal suelen distinguirse dos categorías. Por un lado, el lenguaje paraverbal: cómo se dice el mensaje, es decir, entonación, proyección, tono, énfasis, pausas, ritmo, muletillas, etc. En segundo lugar, el corporal: lo que el cuerpo transmite a través de gestos, posturas, mirada, movimiento de los ojos, respiración, desplazamientos, etc. Buena parte de las entradas del blog irán destinadas a esta categoría para ayudarnos a mejorar en estos aspectos cruciales de la comunicación y, sobre todo, a vencer el miedo escénico. Recuerda: el objetivo final del arte de presentar es disfrutar hablando en público y que el público disfrute escuchándonos.

Curiosamente, esta línea de vida de la presentación puede sufrir misteriosas y tortuosas ramificaciones, ya que a veces uno mismo reutiliza el material de una vieja presentación en otra nueva (¿genes recesivos?), o bien el diseño de una presentación sirve de inspiración a otras personas quienes utilizan algunas transparencias en sus propias presentaciones (¿infección vírica?), o uno mismo repite la misma presentación en distintos foros con pequeñas o grandes variaciones (¿mutaciones genéticas?) que la adaptan a cada audiencia (¿hábitat?). Y, por supuesto, cuanto más practiquemos y más presentaciones protagonicemos, mejor nos adaptaremos a cualquier situación (¿evolución de la especie?).

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Las mejores presentaciones del mundo

septiembre 17, 2008

La semana pasada se falló la segunda edición del concurso de las mejores presentaciones del mundo: el World’s Best Presentation Contest, organizado por SlideShare, una comunidad dedicada a compartir presentaciones. Esta edición contó con el envío de 2.415 trabajos y más de 22.000 votos por miembros de la comunidad en 130 países. Actuaron como jueces del concurso cuatro destacadas figuras de la industria de las presentaciones: Guy Kawasaki, Nancy Duarte, Garr Reynolds y Bert Decker.

Por supuesto, ninguna de las presentaciones tiene nada que ver con la fórmula al uso de transparencias llenas de boliches y clip art de mal gusto. Juzguen por ustedes mismos. A continuación se muestran los tres ganadores del concurso. Siéntense a gusto y prepárense para una nueva experiencia de presentación. Aunque no existe presentador, las presentaciones se valen por sí mismas.

1er premio: THIRST por Jeff Brenmann

2º premio: Foot Notes por Melanie Kahl

3er premio: Zimbabwe in Crisis por Daniel Hrstich


Los tres objetivos de toda presentación

septiembre 16, 2008

Hace unos días asistí a una presentación en un congreso en la que al conferenciante parecía animarle un único objetivo trascendental: transmitir tanta información como le fuera posible en los 20 minutos asignados. Ecuaciones, gráficos, teoremas, contenido suficiente para llenar un cuatrimestre docente, pasaron llenando la pantalla a ritmo vertiginoso. Cuando aún no había terminado yo de interpretar una gráfica o de analizar una ecuación, el conferenciante ya había pasado a la siguiente transparencia. Al cabo de unos pocos minutos, era incapaz de seguirle el ritmo y terminé desconectando. A mi alrededor otros asistentes parecían absortos en sus portátiles o en el libro de actas. El ponente había terminado hablando solo, porque la audiencia, aunque físicamente en la misma sala, hacía tiempo que había viajado a otros mundos. Se trata de un error que cometemos a menudo cuando hablamos sobre “nuestro tema”: pretendemos contarlo todo sin tener en cuenta a la audiencia.

¿Alguna vez nos hemos parado a reflexionar sobre cuáles son los objetivos de una presentación sea ésta del tipo que sea? Según la ocasión, podemos pensar que presentamos para convencer a un comprador potencial, o para explicar nuestras ideas a colegas, o para proponer un proyecto con el fin de encontrar financiación, … Rememora por ejemplo la última presentación que hayas realizado: ¿cuáles eran sus objetivos? Te vendrán a la cabeza multitud de respuestas:

  • Convencer a adversarios
  • Persuadir a inversores
  • Informar a usuarios
  • Explicar a compañeros
  • Compartir con colegas
  • Vender a clientes
  • Impresionar a jefes
  • Inspirar a jóvenes estudiantes

Si lo piensas bien, esa clase de respuestas puede constituir el propósito fundamental que te animó a preparar tu presentación en primer lugar, pero los objetivos reales, a los que los anteriores están subordinados, son otros. El objetivo fundamental es único: comunicar el mensaje.

Según Stephen M. Kosslyn, profesor de psicología de la Universidad de Harvard, existen tres objetivos que prácticamente definen cualquier tipo de presentación (científica, comercial, financiera, lo que se te ocurra), con independencia de su propósito: 1) conectar con la audiencia; 2) dirigir y mantener la atención; y 3) fomentar la comprensión y el recuerdo. Estos tres objetivos constituyen tres claves para el éxito de toda presentación. Consigue alcanzarlos en tus presentaciones y serás un maestro del arte de presentar. Como se verá en las entradas del blog, conseguirlo no es tan complicado como podría parecer a primera vista: basta con esforzarse en ello. Toda presentación es un acto creativo y la creatividad exige tiempo. Dedícaselo y los resultados serán muy gratificantes.

Conectar con la audiencia

Cuando se prepara una presentación debe tenerse en cuenta el tipo de audiencia a quien está destinada. El mensaje debería conectar con sus objetivos e intereses. Sólo así la comunicación resultará eficaz. No puede darse la misma charla ante audiencias distintas. Los conceptos, la jerga, el lenguaje, el nivel de profundidad deberán adaptarse a cada audiencia en particular. Un error común consiste en querer proporcionar tanta información como sea posible sobre el tema, inundando con tablas, resúmenes, datos, estadísticas, pasando totalmente por alto qué puede interesar a la audiencia. Cuando uno es un experto en un tema, resulta muy difícil ponerse en la piel de alguien que no comparte ese nivel de conocimientos, fenómeno que los hermanos Chip y Dan Heath denominan “la maldición del conocimiento”. El resultado final es que uno termina hablando para sí mismo y no para la audiencia. Cuando se muestra la última transparencia con la lista de conclusiones, se tiene la sensación de haber comunicado las ideas, cuando en realidad lo único que se ha hecho ha sido “vomitar” datos sin digerir. El conocimiento previo de cómo es la audiencia y cuáles son sus expectativas nos ayudará a conectar con ella y a que ella no desconecte de nosotros.

Dirigir y mantener la atención

La atención de la audiencia es como un pez escurridizo. Hay que atraparla desde el principio y conservarla hasta el final. Debería conducirse a la audiencia para que preste atención a lo que es importante. Una buena estructura de la presentación, ayudada por un buen diseño del material multimedia que la acompaña (transparencias, vídeos, animaciones, etc.), junto con anécdotas, historias, ejemplos, analogías, son como anzuelos que ayudan a captar el interés y mantenerlo. Michael Alley utiliza una bella metáfora: “Una presentación es como un viaje por mar”. En primer lugar, podemos perder a la audiencia en el muelle porque los objetivos de la charla no están claros, su idea fundamental no es evidente, se desconoce el nivel de conocimientos requerido para entenderla, la audiencia no tiene claro por qué habría de importarle, etc. En segundo lugar, podemos perderla en alta mar cuando la estructura y organización de nuestra presentación son débiles o confusas, la ahogamos en un mar de detalles irrelevantes que distraen del mensaje fundamental, utilizamos un diseño pobre de las transparencias, nuestra exposición es monótona y aburrida, etc. Por último, podemos perderla al llegar a tierra si no queda claro cuál era la idea o mensaje fundamental que se deseaba transmitir y todo se olvida al salir por la puerta. El buen presentador, como el buen patrón, arriba siempre a buen puerto.

Fomentar la comprensión y el recuerdo

Incluso los mayores sabios del mundo poseen una capacidad intelectual limitada y finita. Existe un límite a la cantidad de datos que pueden asimilarse en un tiempo dado. Inundar a la audiencia con información no ayudará a que ésta la comprenda ni la recuerde. Una presentación debería ser fácil de seguir, comprender y recordar. La psicología y las neurociencias acuden en nuestra ayuda en este aspecto. El conocimiento de cómo funcionan los procesos mentales de nuestro cerebro nos ayudará a crear presentaciones que permitan a la audiencia comprender y retener más fácilmente el material. Muchas entradas de este blog se dedicarán a examinar diferentes principios psicológicos y su mejor aplicación al arte de presentar.

La próxima vez que realicemos una presentación deberíamos plantearnos estas preguntas: ¿estoy conectando con la audiencia?, ¿estoy captando y dirigiendo su atención?, ¿comprenden y podrán recordar lo que les cuento? “El Arte de Presentar” intentará proporcionar las herramientas necesarias para que la respuesta sea siempre afirmativa.

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